Este es el “periódico alternativo más antiguo de Brasil que todavía se edita”

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Como afirma el obispo Casaldáliga, el periódico Alvorada es “el periódico alternativo más antiguo de Brasil que aún está en circulación”. Este año cumple 50 años, renovado, actualizado y con buena salud. Siempre fiel a sus principios comunicativos y de transformación.

17 de mayo de 2020

La obra de Pedro Casaldáliga

En enero de este año, nuestro pequeño periódico “ALVORADA” cumplió 50 años. Fue el primer ‘periódico’ de nuestro Araguaia.

Han sido 50 años contando cómo ha sido el recorrido de nuestra Prelatura, pero sobre todo, registrando la vida y las luchas de las gentes de esta región.

Para celebrar estas bodas de oro, nada mejor que recuperar algo de cómo comenzó esta publicación.

“Correo de amistad”

El primer número de “ALVORADA – Folha” (hoja) de la Prelatura de São Félix, como se llamaba, salió en enero de 1970. Una sola hoja mimeografiada.

Buscábamos un nombre para esta “hoja” y en ese momento llegó a Santa Terezinha el Padre Francisco Jentel, en una canoa que había bautizado como “Alvorada” (amanecer). Su llegada, cortando la superficie del Río Araguaia, inspiró el nombre del primer vehículo de comunicación de esta región.

Portada de la última edição del periódico Alvorada, 1er. trimestre de 2020

En el primer número, se explicaba el objetivo del periódio:

En este momento, “Alvorada” pretende ser:

– correo de la amistad

-programa de renovación

– mensaje del Evangelio.

Una “hoja” de sol y serenidad, en las alegrías de todos, en las necesidades comunes, para el trabajo de mejora al que estamos llamados.

El resto del primer número presentaba el PROGRAMA PASTORAL con las normas e indicaciones para recibir el Bautismo, el Matrimonio y la Primera Comunión y anunciaba la realización de las Campañas Misioneras.

El segundo número está fechado en 29/3/70. “Pascua” y explica que Pedro Casaldáliga había ido al médico en Goiânia (ciudad a 1.200Km de la región), así como la visita del Secretario de Educación del Municipio a São Félix, (São Félix era un distrito de Barra do Garças), la inauguración del Cine Samira, el anuncio de que Luciara tendría un motor de gasóleo para generar luz, algunos matrimonios, el funcionamiento del Gimnasio Estadual del Araguaia, etc.

También contenía un breve comentario sobre el Sacramento del Bautismo y comenzaba a divulgar las partes principales de la Encíclica de Paulo VI “Desarrollo de los Pueblos (Populorum Progressio)” que continuó en los siguientes números.

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Una voz que incomodaba

En sus 50 años de existencia, “ALVORADA” fue la voz, casi la única, que denunció la violencia y la arbitrariedad de las autoridades y el latifundio en nuestra región y que estimuló la unión entre los trabajadores.

“ALVORADA”, amada por muchos, odiada por otros, ganó notoriedad nacional, cuando un número falsificado apareció en la pantalla de la cadena Globo, tratando de criminalizar el trabajo de nuestra Iglesia.

“ALVORADA” ha sido objeto de estudio por parte de algunos investigadores interesados en la prensa alternativa.

En 2020, a los 50 años, el periódico “ALVORADA” sigue siendo fiel a sus objetivos y continúa publicando noticias de la comunidad, difundiendo el Evangelio y el camino de la Iglesia en Brasil y en el mundo.

Portada del periódico Alvorada de 1974.

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Entrevista a las hermanas de Pedro Casaldáliga

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La familia de Pedro Casaldáliga vió como uno de los suyos se marchaba con 40 años y no volvía nunca más. En una época donde las comunicaciones eran mucho más precarias, ¿cómo vivieron la decisión de Casaldáliga?

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Opción por los pobres y espiritualidad

Opción por los pobres y espiritualidad

Opción por los pobres y espiritualidad

La Opción por los Pobres (OP) es sin duda el acontecimiento más importante que ha tenido lugar en las Iglesias cristianas desde la Reforma protestante del siglo XVI. Pero, a nivel personal, qué significa más allá de lo obvio?

7 de abril de 2020

La obra de Pedro Casaldáliga

Opción por los pobres:

la misma espiritualidad cristiana

La OP, en cristiano, es la misma opción por el Reino de Dios en este mundo sojuzgado estructuralmente por el antirreino, en este mundo maltrecho de Dios.

La OP no sólo es un rasgo de la espiritualidad cristiana. Es la misma espiritualidad cristiana, si entendemos que el Reino es la opción de Jesús, porque es la voluntad del Padre. El Reino, visto desde el lado de acá, es desafío, conquista, práctica, respuesta nuestra… Mirado desde el lado de allá -donde ya no habrá ni ricos ni pobres-, el Reino será pura gratuidad, puro don: el Padre acogiéndonos a todos. El Hijo de Dios, el Verbo, para contestar al antirreino que el pecado del mundo venía estableciendo en la tierra de los hijos de Dios, no sólo «se hizo hombre», no sólo se hace humano, sino que se hace también pobre, se hace colonizado, incomprendido, perseguido, prohibido, excluido, excomulgado, condenado, ejecutado, maldito… La OP de Jesús es la kénosis de Cristo. Y la OP es la actitud kenótica de todo cristiano.

Repito: siempre que estemos de acuerdo en que la espiritualidad cristiana es la opción por el Reino: la voluntad del Padre que Jesús anuncia, asume, realiza y sufre, y por la cual, en la cual, para la cual, y desde la cual resucita.

El Pueblo Xavante, que vive en el Araguaia, fue expulsado de su tierra en 1964 por los grandes terratenientes. Hoy, luchan por recuperar plenamente su cultura, tradiciones y modo de vida ancestral. Para saber más, publicamos esa entrada hace un tiempo. Foto: nuestra

Fundamento teológico

Ese es el fundamento teológico de la OP. Pero aún podemos decirlo de otra manera.

La teología cristiana se fundamenta en la palabra, la actitud, la vivencia, la muerte y la resurrección de Jesús. Por eso es teología «cristiana». Cuando hablamos de Jesús, hablamos, o debemos hablar, automáticamente, del Dios de Jesús. Entonces, si ese Dios de Jesús envía a su propio Hijo para reparar el Reino maltrecho, para reanunciarlo, para que la humanidad pueda esperarlo de nuevo, y para que la humanidad colabore, como debe, en su construcción, es evidente que la voluntad de Dios sobre la humanidad es la finalidad de la humanidad. No puede ser otra.

Para nosotros los cristianos, en la actual coyuntura, en la actual contingencia de la humanidad, Dios no opta por la humanidad, Dios opta por los pobres en la humanidad. Contestando a los que en el privilegio, en el lujo, en el consumismo, en la capacidad de esclavizar, de dominar… han negado la condición de hermanos -y por lo mismo la condición de hijos de Dios- a los otros. Contestando a los que han construido en este mundo un antirreino, en este mundo que debería ser ya una realización de su Reino, anticipando en esperanza la plenitud futura.

Por eso, la Buena Noticia es anunciada a los pobres. La bienaventuranza se realiza en los pobres. Y éste es el fundamento de la OP.

Opción por los pobres:

kénosis y encarnación

Recordemos la palabra de Pablo: él, Cristo Jesús, siendo rico, por nosotros se hizo pobre (Fil 2, 6ss). «Se hizo»: desencarnamos totalmente esa palabra si la pretendemos entender en un sentido sólo espiritual. ¿Qué significa «se hizo»? Es una palabra encarnacional, evidentemente. Supone todo un proceso histórico: su modo de vida, sus conflictos, su ubicación geopolítica, cultural… todo lo que él realmente vivió.

Las implicaciones de esa opción, las exigencias de esa espiritualidad también arrancan del propio seguimiento de Jesús.

Si yo opto por la mayoría de los hijos de Dios, sometidos a una vida de antirreino, prohibidos en su condición de seres humanos -en su condición de hermanos y de hijos-, automáticamente debo, en primer lugar, acercarme a ellos, conocerlos, sentirlos, compadecerme de su situación, conmoverme por su realidad, participar en su propio sufrimiento, en su grito, en su pobreza, en su lucha, en su proceso.

La kénosis, ante todo y sobre todo es la bajada, la entrada, la encarnación… Así pues, una espiritualidad de OP es una espiritualidad encarnacionista en el más puro sentido de la palabra.

Algunos han tenido miedo a la palabra «encarnacionista», como si encarnarse supusiera prescindir de lo histórico, de lo político… El Hijo de Dios no se encarna en las nubes: se encarna en un ser humano, en un pueblo, en una cultura, en una estructura, en una coyuntura…

En el poblado de Novo Santo Antônio, la mayoría de familias sobrevive con menos de 1 euro al día por persona. Mientras, los grandes capitales compran tierras, desmatan y plantan soja para exportar. Foto: nuestra

Opción por los pobres:

espiritualidad profética, revolucionaria y utópica

Supone también, por otra parte, a partir de la opción por el Reino de Dios, a partir del seguimiento de Jesús, la contestación profética, la revuelta profética, la indignación profética frente a esa situación que niega el Reino, que impide a los hermanos ser hermanos, que impide a los hijos ser hijos.

Todos los profetas de Israel, el gran profeta Jesús, las palabras terminantes e indignadas del evangelio… nos iluminan, en el seguimiento de Jesús, esa actitud de profecía, de revuelta, en la medida en que nosotros nos compenetramos con la pobreza de los pobres, maldecimos la pobreza maldita de los pobres. La Cruz de Cristo niega la cruz. Él maldice la cruz precisamente para acabar de una vez con todas las cruces malditas. Por lo menos en su propia persona y en esperanza para todos nosotros.

Esa encarnación, esa compasión, compenetración, ese asumir la miseria, el sufrimiento, la indignación, la revuelta, el proceso de liberación de los pobres, la voluntad de salir del estado en que viven, nos pondrá automáticamente en una postura política -revolucionaria incluso- de transformación radical de una sociedad que no responde a la voluntad de Dios, al proyecto del Reino. Y nos confrontará automáticamente con todas las fuerzas y poderes que sujetan a la mayoría de los hermanos a la miseria, a la dependencia, a la no-vida, a ese mundo que está en el pecado, puesto en el Maligno, como dice Pablo.

No estamos negando, de ningún modo, el pecado personal; al contrario, estamos diciendo que reconocemos los pecados personales acumulados en una estructura de pecado, que es antirreino visible, diario. Las implicaciones políticas de esa postura deben ser tan coyunturales como estructurales, tan diarias como utópicas.

Una verdadera espiritualidad de la OP es una espiritualidad revolucionaria, decimos. Por eso mismo es una espiritualidad utópica. Ese mundo que está ahí no les sirve a los hijos de Dios, no sirve a los hermanos, contradice el Reino de Dios: ¡queremos otro!

Entramos necesariamente en el proceso de transformación de la sociedad, en el proceso de la revolución.

Opción por los porbres y solidaridad

Los teólogos de la liberación han recordado con frecuencia que la misma contemplación, la oración de los espirituales de la liberación se expresa, se traduce -se comprueba sobre todo- en las prácticas no sólo sociales sino en las prácticas explícitamente políticas.

Para que la caridad no se quede en «compasión» distante, o en «benevolencia» intermitente o transitoria, debe ser solidaridad política. Sólo así será verdadera caridad. Sólo así amará al hermano en la realidad en que el hermano vive. Sólo así ayudará al hermano de un modo eficiente. A lo mejor el sacerdote y el levita de la parábola, al pasar al lado del malherido, tuvieron un cierto sentimiento de compasión. No sabemos si le dejaron alguna limosna. Lo importante, lo dramático, lo que les fue condenado, es que no hicieran la acción concreta de transformar la realidad en la que él vivía, la acción concreta de llevar su solidaridad hasta las últimas consecuencias.

Sólo se lleva la solidaridad hasta las últimas consecuencias cuando de parte de uno se hace todo lo posible para que el hermano salga de la situación en que está. El propio Dios no nos habría demostrado que nos amaba si se hubiera quedado en su infinita compasión allá… Tuvimos necesidad de que saliera de su compasión e hiciera el gesto extremo… Por eso digo yo que Jesús es la propia solidaridad de Dios en persona, la solidaridad que va hasta las últimas consecuencias.

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Hecho desde Barcelona y desde el Araguaia!

En el Asentamiento Don Pedro, a 100Km de São Félix do Araguaia, atendemos a 60 familias que viven en situación de extrema pobreza. Doña Alenira y su marido son unas de las más luchadoras!. Foto: nuestra

Ascética y mística de la opción por los porbres

La ascética y la mística de esa espiritualidad de la OP será, evidentemente, en primer lugar, una actitud de discernimiento, de sensibilidad, de percepción, de crítica, de autocrítica, de descodificación de la realidad, de análisis incluso político de la realidad misma. Será una espiritualidad que ande por el mundo de los pobres, por en medio de las mayorías prohibidas y oprimidas con los ojos abiertos. Hay obispos, sacerdotes visitantes cristianos, personas muy buenas, que vienen del primer mundo: visitan nuestras ciudades, visitan nuestras Iglesias y no descubren a esas inmensas «mayorías» de América Latina, del tercer  mundo,  del  mundo  entero, que  viven realmente prohibidas.  Así pues: los ojos  abiertos a la realidad, la atención al «clamor» de los oprimidos (Medellín y Puebla nos han recordado que el clamor está ahí, y es lamentable que hasta hace poco la Iglesia no ha descubierto que es un clamor colectivo, y que es un clamor estructural, y que cada vez es más estruendoso…).

En segundo lugar, la compasión, la conmoción, la compenetración que debe llevar a la convivencia: estar-en, estar-con, seguir, acompañar a los pobres, asumir sus mismas privaciones, sus riesgos…

Se ha olvidado demasiado el texto mismo de Puebla (1134), que habla de una opción «clara» y «solidaria» por los pobres. «Clara»: diríamos que con una conciencia clara incluso políticamente, para   ser integralmente clara. Y «solidaria». La palabra viene de «in solidum», que significa en bloque con, conjuntamente con. Entonces, una opción por los pobres «solidaria» exige estar con el pobre, convivir  con el pobre, pasarla mal con el pobre, arriesgar con el pobre… y, en todo caso, mudar de lugar social  e incluso de lugar geográfico -en la medida de lo posible- para estar en medio de los pobres.

En tercer lugar supone asumir los procesos  de los  pobres, las decisiones de los pobres,  caminar en su propio caminar, respetando su ritmo, entrando en sus  propias  reivindicaciones.  Podremos optar por los pobres con todo el espíritu crítico necesario, con toda la lucidez de la fe, pero nunca «a distancia». Sólo opta por los pobres aquél que se aproxima a ellos y camina con ellos.

Esto exigirá, necesariamente, una gran capacidad de llevar la cruz, la cruz de la privación de la pobreza, de la renuncia, del riesgo, del silencio a veces, de la conflictividad.

Y al mismo tiempo supondrá una gran capacidad de aguante, de esperanza, en el sentido pleno de la palabra, aquella esperanza de la que hablaba Pablo. Si uno quiere no llegar a la desesperación, a  la pura  indignación sin sentido, sin salida, a la blasfemia diríamos, uno debe llevar en sí  una gran fuerza de esperanza. Pienso que cuanto más cerca se vive de la miseria, del sufrimiento, de la muerte, más la esperanza debe ser expresión cotidiana casi espontánea de nuestras vidas.

Ahí los profetas nos enseñan tanto el anuncio del Dios vivo y verdadero y de sus planes y proyectos, como la denuncia de los ídolos, de los antiproyectos que contradicen el proyecto de Dios, como también la actitud de la consolación: «consolad a mi pueblo» (Is 40, 1).

Es evidente que esa espiritualidad exigirá una gran dosis de oración, de contemplación. Solamente caminando siempre muy al desnudo, muy abiertamente, con el Dios vivo, el Dios y Padre de Jesús, el consolador de los pobres, el «Pater pauperum», Padre de los pobres… se podrá vivir la espiritualidad de la OP con ecuanimidad, dando el testimonio que se debe dar y de un modo constructivo.

Me parece que es muy importante que la OP sepa también leer, celebrar, asumir las expresiones culturales de los pobres. Ese sería un rasgo muy característico: su alegría, su fiesta, la capacidad de hospitalidad, de compartir, la resistencia pasiva en muchas circunstancias, esos largos silencios de los pobres en sus luchas, en  las buenas «tácticas», en su proceso de liberación, en las mismas revoluciones populares, la capacidad que el pobre tiene de agradecer a los propios hermanos y a Dios.

Yo pienso que la Iglesia toda (sería un verdadero error hablar sólo de la Iglesia  del  tercer mundo) no puede tener más misión que la misión misma de Jesús -y ésa es la OP-: «el Espíritu del  Señor está sobre mí para…». Es decir, en la medida en que el Espíritu del Señor esté sobre nosotros, dentro de nosotros, ese «para» se hará realidad: anunciaremos la buena noticia a los pobres, ayudaremos a liberar a los cautivos, proclamaremos el año de gracia, que es la versión incluso temporal, histórica y hasta política y económica del Reino… en la expectativa, claro está de la plenitud del Reino.

La ascética y la mística de esa espiritualidad de la OP será, evidentemente, en primer lugar, una actitud de discernimiento, de sensibilidad, de percepción, de crítica, de autocrítica, de descodificación de la realidad, de análisis incluso político de la realidad misma. Será una espiritualidad que ande por el mundo de los pobres, por en medio de las mayorías prohibidas y oprimidas con los ojos abiertos. Hay obispos, sacerdotes visitantes cristianos, personas muy buenas, que vienen del primer mundo: visitan nuestras ciudades, visitan nuestras Iglesias y no descubren a esas inmensas «mayorías» de América Latina, del tercer  mundo,  del  mundo  entero, que  viven realmente prohibidas.  Así pues: los ojos  abiertos a la realidad, la atención al «clamor» de los oprimidos (Medellín y Puebla nos han recordado que el clamor está ahí, y es lamentable que hasta hace poco la Iglesia no ha descubierto que es un clamor colectivo, y que es un clamor estructural, y que cada vez es más estruendoso…).

En segundo lugar, la compasión, la conmoción, la compenetración que debe llevar a la convivencia: estar-en, estar-con, seguir, acompañar a los pobres, asumir sus mismas privaciones, sus riesgos…

Se ha olvidado demasiado el texto mismo de Puebla (1134), que habla de una opción «clara» y «solidaria» por los pobres. «Clara»: diríamos que con una conciencia clara incluso políticamente, para   ser integralmente clara. Y «solidaria». La palabra viene de «in solidum», que significa en bloque con, conjuntamente con. Entonces, una opción por los pobres «solidaria» exige estar con el pobre, convivir  con el pobre, pasarla mal con el pobre, arriesgar con el pobre… y, en todo caso, mudar de lugar social  e incluso de lugar geográfico -en la medida de lo posible- para estar en medio de los pobres.

En tercer lugar supone asumir los procesos  de los  pobres, las decisiones de los pobres, caminar en su propio caminar, respetando su ritmo, entrando en sus propias reivindicaciones.  Podremos optar por los pobres con todo el espíritu crítico necesario, con toda la lucidez de la fe, pero nunca «a distancia». Sólo opta por los pobres aquél que se aproxima a ellos y camina con ellos.

Esto exigirá, necesariamente, una gran capacidad de llevar la cruz, la cruz de la privación de la pobreza, de la renuncia, del riesgo, del silencio a veces, de la conflictividad.

Y al mismo tiempo supondrá una gran capacidad de aguante, de esperanza, en el sentido pleno de la palabra, aquella esperanza de la que hablaba Pablo. Si uno quiere no llegar a la desesperación, a la pura  indignación sin sentido, sin salida, a la blasfemia diríamos, uno debe llevar en sí  una gran fuerza de esperanza.

Pienso que cuanto más cerca se vive de la miseria, del sufrimiento, de la muerte, más la esperanza debe ser expresión cotidiana casi espontánea de nuestras vidas. Ahí los profetas nos enseñan tanto el anuncio del Dios vivo y verdadero y de sus planes y proyectos, como la denuncia de los ídolos, de los antiproyectos que contradicen el proyecto de Dios, como también la actitud de la consolación: «consolad a mi pueblo» (Is 40, 1).

Es evidente que esa espiritualidad exigirá una gran dosis de oración, de contemplación. Solamente caminando siempre muy al desnudo, muy abiertamente, con el Dios vivo, el Dios y Padre de Jesús, el consolador de los pobres, el «Pater pauperum», Padre de los pobres… se podrá vivir la espiritualidad de la OP con ecuanimidad, dando el testimonio que se debe dar y de un modo constructivo.

Me parece que es muy importante que la OP sepa también leer, celebrar, asumir las expresiones culturales de los pobres. Ese sería un rasgo muy  característico:  su alegría, su fiesta,  la capacidad de hospitalidad, de compartir, la resistencia pasiva en muchas circunstancias, esos largos silencios de los pobres en sus luchas, en  las buenas «tácticas», en su proceso de liberación, en las mismas revoluciones populares, la capacidad que el pobre tiene de agradecer a los propios hermanos y a Dios.

 Yo pienso que la Iglesia toda (sería un verdadero error hablar sólo de la Iglesia  del  tercer mundo) no puede tener más misión que la misión misma de Jesús -y ésa es la OP-: «el Espíritu del  Señor está sobre mí para…». Es decir, en la medida en que el Espíritu del Señor esté sobre nosotros, dentro de nosotros, ese «para» se hará realidad: anunciaremos la buena noticia a los pobres, ayudaremos a liberar a los cautivos, proclamaremos el año de gracia, que es la versión incluso temporal, histórica y hasta política y económica del Reino… en la expectativa, claro está de la plenitud del Reino.

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Iglesia y opción por los porbres

¿Qué sería una Iglesia popular?

 Yo quiero lamentar una vez más que se haya perdido la libertad y hasta la alegría de usar esta expresión. Varias veces se lo he «reclamado» a nuestros teólogos, que por una docilidad explicable en medio de ciertas persecuciones que estos buenos teólogos de América Latina vienen sufriendo,  se vieron obligados a renunciar a una expresión llena de sentido y de legitimidad.

Si decimos «Iglesia jerárquica», con más razón podemos decir «Iglesia popular». Por dos motivos: la Iglesia «tiene» jerarquía, pero «es» pueblo, pueblo de Dios. La jerarquía es minoritaria en la Iglesia, es un servicio a la Iglesia y, a partir de la Iglesia, al mundo. Mientras que el pueblo, ese pueblo de Dios, es la inmensa mayoría.

Por otra parte, hablar de Iglesia popular significa hablar de una «Iglesia en la base», donde están los pobres. Una Iglesia en el lugar donde se puso Jesús. Una Iglesia en el pueblo que se reconoce, que recobra su identidad, que asume su proceso.

Para nosotros, en esta América Latina, hablar de pueblo prácticamente es hablar de pueblo en proceso histórico. Más aún, pueblo en proceso histórico de liberación. En Brasil, por ejemplo, en los encuentros  de  pastoral,  de  teología  o  de  trabajo  popular,  etc.,  distinguimos  normalmente  entre «masa» y «pueblo». Masa, pueblo, comunidad, liderazgo…

Bíblicamente hablando, el pueblo de Dios, «el pueblo que no era pueblo y que  ahora  es pueblo»… «Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios»…

En fin, se trata de una expresión tan hermosa que yo hago votos porque sea recobrada, sin rubores, sin ceder a incomprensiones, que podrán partir de la mejor buena voluntad, pero que ciertamente no parten de lucidez teológica ni de visión comprometida pastoral, y que posiblemente, sin querer, están haciendo el juego a los que no quieren que el pueblo sea pueblo, a los que no quieren que la Iglesia sea pueblo, a los que no quieren que el pueblo se haga Iglesia…

Yo diría algunos sinónimos de Iglesia popular: Iglesia comunitaria, Iglesia participativa, Iglesia realmente inculturada, Iglesia autóctona. Creo que se trata de valores indispensables en la verdadera Iglesia de Jesús.

 -¿Iglesia popular e Iglesia de los pobres serían términos semejantes?

 Iglesia popular sería la Iglesia de los pobres conscientes, que se organizan, en proceso, en fermento de liberación…

 – Dice Leonardo Boff que Iglesia popular no se opone a Iglesia jerárquica, sino a Iglesia  burguesa…

Evidente. Y se opone también a Iglesia clerical, en el sentido peyorativo de  la palabra (una Iglesia clericalizada). La Iglesia popular acaba siendo la Iglesia pueblo de Dios, que opta realmente por los pobres, que se pone en su lugar, que toma partido por ellos, que asume su causa y sus procesos. Una Iglesia también que tira de la jerarquía y del clero, tira de la teología, tira de la liturgia, tira del mismo derecho canónico y les hace bajar en una kénosis histórico-pastoral  al lugar en que realmente se puso Jesús, que es el mismo pueblo.

¿«Iglesia burguesa» sería una contradicción?

 Evidente, evidente.

 – No puede existir una Iglesia burguesa?

Pregunto: ¿cuál sería el real código canónico evangélico de la Iglesia? Y  respondo: el mandamiento nuevo, las bienaventuranzas. En una Iglesia burguesa, Iglesia de privilegio, Iglesia de explotación de las mayorías, Iglesia de expulsión de las mayorías… ¿caben las bienaventuranzas? Una Iglesia burguesa ya no sería la Iglesia de Jesús.

– ¿Es que el bautismo, la conversión, exigirían cambiar de clase?

Pregunto: ¿no es acaso el bautismo un sumergirse en la pascua, en la muerte, en  la resurrección? Ese sumergirse en la muerte de Jesús, evidentemente, ha de ser la muerte del egoísmo, la muerte del privilegio acumulativo y excluidor. Y, en ese sentido, la muerte a una vida burguesa. Una vida burguesa es una vida pecaminosa, estructuralmente pecaminosa.

 – ¿Qué responderías a la objeción de que la Iglesia es para todos, de que está por encima de las opciones políticas?

Respondería que Cristo también vino para todos, y optó por los pobres. Y condenó a los ricos. Y rechazó el privilegio. Y fue sentenciado, torturado, ejecutado y colocado en la cruz por los poderes del latifundio, de la ley, del imperio.

No es posible pensar que el Evangelio sea para todos por igual. Lo peor que se podría decir del Evangelio es que  el Evangelio es neutro. Yo suelo decir: el Evangelio es para todos, a favor  de  los pobres y contra los ricos. Y me explico.

A favor de los pobres en lo que tienen ellos de pobreza evangélica, y contra la marginación y quizá la desesperación en que les toca vivir. Y contra los ricos: contra la posibilidad, la capacidad que ellos tienen de vivir en un privilegio que expolia a la inmensa mayoría de los hermanos, contra la capacidad de explotar a esos hermanos, contra la insensibilidad en que  ellos viven, contra la idolatría en que ellos están sumidos.

El rico, normalmente hablando, está excluido del Reino de los cielos. Sólo puede entrar en él si deja de ser rico.

Del libro “Sobre la Opción por los Pobres”. Varios autores. Coordinador: José María Vigil.

 

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Carta abierta al hermano Romero

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24 de marzo de 2020

La Obra de Pedro Casaldáliga

Yo debería estar ahí… y estoy: de alma entera. Esta pequeña Iglesia de São Félix de Araguaia te tiene muy presente, hermano. Estás visible en mi cuarto, en la capilla del patio, en nuestra catedral, en muchas comunidades, en el Santuario de los Mártires de la Caminada Latinoamericana. Hasta cuando cae un mango sobre el tejado me acuerdo del sobresalto que sentías cuando caían los mangos sobre tu retiro del Hospitalito.

El mes de marzo de 1983 yo escribía en mi diario:

“No consigo entender de ningún modo, o lo entiendo demasiado: La fotografía del mártir Monseñor Romero con Juan Pablo II, en unos carteles más que normales para la visita del Papa, ha sido prohibida por la comisión mixta Gobierno-Iglesia de El Salvador. La imagen del mártir duele. Al Gobierno, perseguidor y asesino; y es natural que le duela; que duela a cierta Iglesia… también es natural, tristemente natural”.

Estás visible en mi cuarto, en la capilla del patio, en nuestra catedral, en muchas comunidades, en el Santuario de los Mártires de la Caminada Latinoamericana.

De todos modos, nosotros, aquí, en este rincón del Mato Grosso, y muchos cristianos y no cristianos de América y del Mundo, celebraremos otra vez, en ese mes de marzo, el martirio de San Romero, pastor bueno de América Latina.

A nosotros tu imagen nos conforta, nos compromete y nos une; como una versión entrañable del Buen Pastor Jesús.

Y ahora estamos ahí, millones, de muchos modos, celebrando el jubileo de tu testimonio definitivo, aquella homilía de sangre que nadie hará callar. Tú tienes poder de convocación, un poder macroecuménico de santo de los católicos y de los evangélicos y hasta de los ateos. Estamos ahí celebrando, reparando, asumiendo. Tú eres muy comprometedor; a lo Jesús de Nazaret: ese Jesús histórico que tantas veces se nos difumina en dogmatizaciones helenísticas y en espiritualismos sentimentales, el Jesús Pobre solidario con los pobres, el Crucificado con los crucificados de la Historia.

Y ahora estamos ahí, millones, de muchos modos, celebrando el jubileo de tu testimonio definitivo, aquella homilía de sangre que nadie hará callar.

Tenías razón, y eso queremos celebrar también, con júbilo pascual. Has resucitado en tu pueblo, que no va a permitir que el imperio y las oligarquías sigan sometiéndolo, ni va a dejarse llevar por los revolucionarios arrepentidos o por los eclesiásticos espiritualizados. Y resucitas en ese Pueblo de millones de soñadores y soñadoras que creemos que otro Mundo es posible y que es posible otra Iglesia.

Porque así, como va hoy, Romero hermano, ni el Mundo va, ni va la Iglesia. Continúan las guerras, ahora hasta de prevención; continúa el hambre, el paro, la violencia -del estado o de la turba enloquecida-; continúan las falsas democracias, el falso progreso, los falsos dioses que dominan con el dinero y la comunicación, con las armas y la política.

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Y continúa habiendo mucha Iglesia muda. Hemos pasado de la Seguridad Nacional a la seguridad del capital transnacional y de las dictaduras militares a la macro dictadura del imperio neoliberal.

Son 25 años también de la Conferencia de Puebla. Aquellos rostros, Romero, que son el propio rostro del Jesús “destazado”, se han multiplicado en número y en deformación. Aquellas revoluciones utópicas –hermosas y atolondradas como una adolescencia de la Historia- han sido traicionadas por unos, despreciadas olímpicamente por otros y siguen siendo añoradas de otro modo, más “al suave”, en mayor profundidad personal y comunitaria- por muchas y muchos de los que estamos ahí, contigo, pastor del “acompañamiento”, compañero de llanto y de sangre de los pobres de la Tierra. ¡Cómo necesitamos hoy que enseñes a los pobres a “acuer-parse” en solidaridad, en organización, en terca esperanza!.

¡Cómo necesitamos hoy que enseñes a los pobres a “acuer-parse” en solidaridad, en organización, en terca esperanza!

Contigo, decía el maestro mártir Ellacuría, “Dios ha pasado por El Salvador”, por todo nuestro mundo. Y el teólogo de frontera José María Vigil ha hecho de ti tres rotundas afirmaciones que son, más que verdades para creer, desafíos de urgencia para asumir:

• “Romero: símbolo máximo de la opción por los pobres y de la teología de la liberación.

• Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con el Estado.

• Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con la Iglesia institucional

No es que tú dejases de ser “institucional” y comportado. Siempre me admiró en ti la alianza de la disciplina con la libertad, de la piedad tradicional con la Teología de la Liberación, de la profecía más arrojada con el perdón más generoso.

Eras un santo haciéndose, en constante proceso de conversión. De ti se ha repetido edificadamente que eras un obispo convertido. Con Dios y con el Pueblo, sin dicotomías. “Yo, decías, tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su Pueblo…”.

Tu homilía del 23 marzo de 1980, víspera de la oblación total, la titulaste precisamente así: “La Iglesia al servicio de la liberación personal, comunitaria, trascendente”.

Siempre me admiró en ti la alianza de la disciplina con la libertad, de la piedad tradicional con la Teología de la Liberación, de la profecía más arrojada con el perdón más generoso.

Te recordamos tanto porque te necesitamos, Romero, hermano ejemplar.

Tú nos animas, tú sigues predicándonos la homilía de la liberación integral. Tú sigues gritando “cese la represión”, a todas las fuerzas represivas en la Sociedad, en las Iglesias, en las Religiones. Tú nos adviertes que “el que se compromete con los pobres tiene que recorrer el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres”, y nos recuerdas que, comprometiéndonos con las causas de los pobres, no hacemos más que “predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas, que le han dado vuelta a todo”.

Confiabas –y no te vamos a defraudar- que “mientras haya injusticia habrá cristianos que la denuncien y que se pongan de parte de sus víctimas”.

Tu sangre, como pedías, es verdaderamente “semilla de libertad”.

Tú sigues gritando “cese la represión”, a todas las fuerzas represivas en la Sociedad, en las Iglesias, en las Religiones

Esta semana de tu jubileo, en San Salvador, acabará siendo un sínodo popular, un encuentro de aspiraciones y compromisos dentro de ese proceso conciliar que estamos viviendo, una gran vigilia pascual en torno a ti y a tantas y tantos testigos fieles, conocidos o anónimos, pero todos luminosos en el Libro de la Vida, seguidores hasta el fin del supremo Testigo Fiel.

“Estamos otra vez en pie de testimonio”, te decía yo en el poema aquel. Y estamos de verdad. Somos del gran Foro Social Mundial, con el Evangelio y por el Reino, hacia otro Mundo posible, hacia otra Iglesia –de Iglesias unidas y liberadoras-, hacia otra Patria Grande, Nuestra América del Caribe y del Sur y de la entrañable América Central; con un Norte otro, hermano también por fin, desimperializado.

Nos anuncian la V Conferencia Episcopal Latinoamericana, posiblemente para 2007 y esperamos que sea en América Latina. Ayuda a prepararla, hermano. Haced celestiales horas extras todos los santos y santas de Nuestra América para que esa Conferencia sea un Medellín, y actualizado.

Seguiremos hablando, hermano Romero. Cada día. Tú acompañándonos, desde la Paz total, por el camino arduo y liberador del Evangelio. Tantas veces nos sentimos como los discípulos de Emaús, defraudados, sin rumbo, porque “pensábamos que…”

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Tu carta, Romero, que guardamos en nuestro archivo, timbrada como “reliquia”, reza así:

“… Querido hermano en el episcopado:

Con profundo afecto le agradezco su fraternal mensaje por la pena de la destrucción de nuestra emisora.

Su calurosa adhesión alienta considerablemente la fidelidad a nuestra misión de continuar siendo expresión de las esperanzas y angustias de los pobres, alegres por correr como Jesús los mismo riesgos, por identificarnos con las causas justas de los desposeídos.

A la luz de la fe, siéntame estrechamente unido en el afecto, en la oración y en el triunfo de la Resurrección.

Oscar A. Romero, Arzobispo”

Tu última palabra escrita, y firmada con sangre, no podía ser más cristiana.

Querido San Romero de América, hermano, pastor, testigo:

Tú vivías y dabas la vida porque creías de verdad en “el triunfo de la Resurrección”. Ayúdanos a creer de verdad en ese triunfo, para vivir y dar la vida como tú, con los pobres de la Tierra, siguiendo al Crucificado Resucitado Jesús.

Pedro Casaldáliga, 24 de marzo de 2005

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Contra el odio y el miedo, las causas de Casaldáliga

29 de enero de 2020

Las causas de Pedro Casaldáliga

Militar en la esperanza es una opción de riesgo en el Brasil del Bolsonaro. Pero muchos creen que es el único camino posible para enfrentar a la extrema derecha.

El proyecto para dar a conocer las ‘Causas de Casaldáliga’ es el fruto de una colaboración entre las dos asociaciones que comparten la misión del Claretiano Pedro Casaldáliga.

A través del pensamiento y la acción de este catalán universal, la Asociación Araguaia con el obispo Casaldáliga, de Cataluña, y ANSA, de Brasil, contrarrestan el discurso del odio y del miedo.

En este contexto, “la única manera de hacer de contrapunto a este discurso y de poder expresar nuestras opiniones con tranquilidad era dar al proyecto una dimensión internacional”, dice Raúl Vico, coordinador de esta iniciativa de difusión. Y es que los nuevos líderes políticos en Brasil están fomentando un clima “contra los derechos de los campesinos e indígenas”. Vico también identifica los riesgos de seguridad entre los defensores de los derechos humanos: “Por primera vez en muchos años, las personas que trabajan en ANSA han tenido que considerar su seguridad personal”, dice.

 

“Estar juntos, una cuestión de seguridad”

 

Una realidad que la entidad no ha vivido desde su creación. “En los años 70 y 80, la represión fue mucho más dura y violenta, pero hoy la situación vuelve a ser peligrosa”. Según Vico, “en Brasil y mucho más en la región en la que estamos, no es aconsejable expresar abiertamente algunas ideas. Si divulgamos algunas opiniones pondríamos en riesgo al personal de ANSA”. Estas declaraciones se hacen pensando en los grandes terratenientes de la Amazonia que “estaban ansiosos por ganar unas eleciones e ir en contra de la Prelatura y el Obispo Pedro”. Con el presidente Jair Bolsonaro en el poder, se sienten apoyados.

Por eso cree que “trabajar juntos es también una cuestión de seguridad”. La Asociación Araguaia con el Obispo Casaldáliga (Barcelona, 1989) y la Asociación ANSA (São Félix do Araguaia, 1974) se han unido para realizar este proyecto de comunicación inspirado en la alegría, la “terquedad” y la esperanza de Casaldáliga. Como dicen desde la parte catalana, buscamos “fortalecer caminos de esperanza”.

“ANSA y la Asociación Araguaia hemos sentido la necesidad de unirnos para una colaboración mucho más estrecha, para unir fuerzas y dar más voz a la vida, al trabajo y, sobre todo, a las causas de Casaldáliga”, dice. Saben que son organizaciones “pequeñas” que enfrentan el enorme desafío, pero no se dan por vencidos en la lucha por mejorar las condiciones de vida de las personas y comunidades que más sufren.

Información desde el Araguaia

 

Raul Vico está en contacto con la persona responsable de la comunicación en ANSA, que le proporciona información en tiempo real desde la Amazonía. Todos los materiales publicados en la página web están en catalán, español y portugués, “los tres idiomas que Casaldáliga utiliza siempre”.

También envían un boletín mensual, que llega al correo electrónico de 730 personas, y en las redes sociales están en Facebook y en Twitter,, publicando diariamente.

El blog, que actualizan cada 15 días se centra en las causas de Casaldáliga. Por ejemplo, cuentan experiencias concretas de agricultura familiar agroecológica, una fórmula de generación de ingresos aliada a la preservación y recuperación ambiental en las comunidades rurales. Pero en el blog también encontramos el pensamiento de Casaldáliga, de la Teología de la Liberación o la historia de la Amazonía a través de textos y poemas que reflejan los compromisos que Pedro Casaldáliga ha asumido a lo largo de su vida en favor de los más pobres.

En el Araguaia, ANSA trabaja en el ámbito de la educación popular, la economía solidaria, el medio ambiente y el apoyo al fortalecimiento de las redes sociales y ambientales. Actualmente, beneficia a unas cuatrocientas familias, tanto en São Félix como en cuatro comunidades rurales vecinas, y también apoya a las comunidades indígenas cercanas. La organización es también responsable del Archivo de la Prelatura de São Félix do Araguaia, dedicado a la preservación de la obra de Casaldáliga, que también cuenta con el apoyo de los claretianos.

En Barcelona, el nuevo proyecto de difusión también es posible gracias a la colaboración de la organización catalana Justicia y Paz, que les cede un espacio para el archivo y para las reuniones del equipo, que tienen lugar todos los segundos y cuartos jueves de mes en la calle Roger de Llúria, 126, de Barcelona.

Autora: Laura Mor. Publicado primero en catalán en Religión Digital.

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Los 6 princípios de la mística de Casaldáliga

Los comentarios –cautelosos o apocalípticos o clarividentes- acerca de la coyuntura proliferan, estos días, en los medios de comunicación. No voy a repetir “lo obvio aullante”. El problema está en saber leer la coyuntura a la luz de los signos de los tiempos, descubriendo causas, intereses, “efectos colaterales”, juegos de vida o muerte para la familia humana.

21 de enero de 2020

La obra de Pedro Casaldáliga

En esta hora kairós de mundialización y de madurez de conciencia, que es, simultáneamente, una hora nefasta de nuevas prepotencias, de macrodictaduras, de fundamentalismos y de radicalizaciones, se nos impone, como un don y como una conquista, el diálogo, interpersonal, intercultural, ecuménico y macroecuménico.

Un diálogo de pensamientos, de palabras y de corazones.

No la mera tolerancia, que se parece demasiado a la guerra fría, sino la convivencia cálida, la acogida, la complementariedad.

Esos procesos de cambio, que son sueño y misión, reclaman de todos nosotros y nosotras, cristianos o no, una fuerte espiritualidad, una mística de vida.

Cada cual la vivirá según la respectiva fe, pero sin esa espiritualidad no se hace camino.

Pensando en ello, y a raíz del retiro espiritual que celebramos cada año, el equipo pastoral de la Prelatura, a orillas del Araguaia, en aquel cerro acogedor de Santa Terezinha, yo resumía así esa espiritualidad, tan nueva y tan antigua, como espiritualidad de:

1. Contemplación confiada

Abriéndose más gratuitamente al Dios Abbá, que es, por autodefinición suprema, misericordia, amor.

Una contemplación, más necesaria que nunca en estos tiempos de eficiencias inmediatas y de visibilidades

Confiada, digo, porque tengo la impresión de que vuelve –o quizás nunca se fue- la religión del miedo, del castigo, de la prosperidad o del fracaso, según como uno se las haya con Dios. Nos falta, pues, confianza filial, infancia evangélica, la descontraída libertad de los pequeños del Reino.

2. Coherencia testimoniante.

Ya se ha repetido hasta la saciedad que vivimos en la civilización de la imagen; que el mundo quiere «ver».

El testimonio fue siempre una especie de definición del ser cristiano: “seréis mis testigos”, decía Él por toda recomendación, por todo testamento.

Y ese testimonio, hoy más que nunca, cuando todo se ve y todo se sabe, ha de ser coherente, sin fisuras, en la vida personal y en la gestión estructural de la Iglesia (que podrá ser una Iglesia católica o evangélica, el Vaticano, una diócesis, una congregación religiosa, una comunidad).

Veracidad y transparencia pide el mundo, tan sometido a la mentira y a la corrupción.

3. Convivencia fraterno-sororal

A eso se reduce el mandamiento nuevo. Este es el mayor desafío, y el más cotidiano para las personas, para las comunidades, para los pueblos.

Convivir, no coexistir apenas; convivir cariñosamente en fraternura y sororidad; no sólo en tolerancia mutua. Ayudar a hacer agradable la vida.

Ser sal de la tierra debe de significar eso también…

4. Acogida gratuita y servicial.

Capacidad de encuentro y de diaconía. No solamente bajarse del burro y atender al caído cuando por casualidad uno se lo encuentra a la orilla del camino, sino hacerse encontradizo.

Acoger a veces sólo con una palabra o una sonrisa, pero acoger siempre, gratuitamente. Hacer de todos los ministerios y de todas las profesiones aquel servicio desinteresado y generoso que nos proponía el Señor que no vino a ser servido sino a servir.

Es más fácil celebrar una Eucaristía ritual que ejercer el lavapiés comprometido.

5. Compromiso profético

Sigue siendo la hora y quizá más que nunca de comprometerse proféticamente contra el dios neoliberal de la muerte y la exclusión y a favor del Dios del Reino de la Vida y de la Liberación.

Hay que sacar de la fe todo su jugo político. Hay que vivirla militantemente, transformadoramente.

Hacer de la profecía una especie de hábito connatural -fruto específico del bautismo para los cristianos y cristianas- de denuncia, de anuncio, de consolación.

La caridad sociopolítica es la forma de caridad más estructural. Va a las causas, no sólo a los efectos. Cuida la Vida. Transforma la Historia. Hace Reino.

6. Esperanza pascual

Después de “la muerte de Dios” y “la muerte de la Humanidad”, en esa posmodernidad fácilmente sin sentido y ya en el “final de la historia”, parece que la esperanza no tiene mucho que hacer. ¡Hoy más que nunca se impone la esperanza! Ella es la virtud de los “después de”.

“Contra toda esperanza” (productivista, consumista, inmediatista, pasiva), esperamos.

Debemos proclamar humildemente pero sin complejos nuestra esperanza pascual y escatológica. Y debemos hacerla creíble aquí y ahora. Porque esperamos, actuamos. El tiempo y la historia son el espacio sacramental de la esperanza.

Pedro Casaldáliga, Carta Cirular de 2002.

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Deja la curia Pedro

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17 de diciembre de 2019

Pedro Casaldáliga

DEJA LA CURIA, PEDRO

Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.

Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.

El Pueblo es sólo un «resto»,
un resto de Esperanza.
No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.
Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa—ley y sello— del sepulcro romano,
y amanecer
de Pascua.

Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.

¡No nos conturbes más!
Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo…
…la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.

Pedro Casaldáliga, 1983.

 

La cristología poética de Pedro Casaldáliga

Texto extraído del trabajo de Michael P. Moore, para la Facultad de Teología, Universidad del Salvador San Miguel, Argentina.

«Proféticamente crítico con la jerarquía eclesiástica, ¡de la cual él forma parte!, en otro audaz poema, dedicado a Juan Pablo II, titulado “Deja la curia, Pedro”, lo invita, a él, a sus sucesores…, a la Iglesia toda, a descentrarse, desinstalarse y a marchar hacia los nuevos Getsemaníes.

Deja la curia, Pedro, desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables por palabras de vida, temblorosas.
Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

Nótese que “Maestro” y “Pobres”, el nombre de Dios hecho hombre y el nombre del oprimido, ambos sin confusión, pero sin separación, están escritos con mayúsculas. Y casi como una súplica exhorta a Pedro, a los pastores, a mantener viva la utopía de Jesús de Nazaret y de su reino de colores precisos.

Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.

Y pide a la Iglesia que no sea cómplice de los imperialismos que oprimen a los más pobres, en un escenario movible de los palacios de Pilatos y Caifás a nuestro continente empobrecido.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina, Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.
El Pueblo es solo un “resto”,
un resto de Esperanza.
No Lo dejemos solo entre guardias y príncipes.

Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres.

Complicidad eclesial que, dolorosamente, recuerda en la vida, y la muerte, de Mons. Romero:

¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa…!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo)

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