Las 7 actitudes imprescindibles para vivir la «Ecología Integral»

Las 7 actitudes imprescindibles para vivir la «Ecología Integral»

Las 7 actitudes imprescindibles para vivir la «Ecología Integral»

Estas son algunas de las pistas esenciales para lograr “transformaciones de conciencia”.

Actitudes profundas, urgentes y necesarias, que surgen de otra visión sistémica, totalmente ecológica, que puede ayudar a salvar la vida y el planeta.

14 de abril de 2020

Las causas de Pedro Casaldáliga

1. SUPERAR EL AMBIENTALISMO

En gernal, muhas personas, empresas, ONGs y Gobiernos están preocupados/as por el ambiente, por la ecología; son lo que solemos llamar «ambientalistas»: están comprometidos en cuidar el ambiente, la naturaleza, el planeta… Llamamos «ambientalismo» a esa actitud, que afortunadamente ha ido creciendo en los años pasados. Pero ahora se nos pide ir más allá del ambientalismo y pasar a una actitud de «ecología integral»… ¿Cuál es la diferencia entre las dos actitudes?

El ambientalismo, una actitud ecológica incompleta

Los «ambientalistas» estrictamente tales actúan como bomberos, apagando fuegos: hoy piden que un parque sea declarado nacional, mañana protestan contra la construcción de una represa, pasado mañana contra una mina… Está muy bien lo que hacen, y es necesario hacerlo, pero no basta, no resuelve los problemas; simplemente cura síntomas, pone parches, pero permite que el problema principal, la causa más profunda, continúe ahí.

Vista del río Araguaia a su paso por São Félix do Araguaia, en el estado de Mato Grosso, Brasil.

Este ambientalismo superficial identifica los problemas en aquello que impide el funcionamiento de la «sociedad moderna desarrollada» (agotamiento o contaminación de los recursos, desastres…). Confía en que las soluciones tecnológicas podrán mantener los daños dentro de límites soportables. No se le ocurre cuestionar el mito del desarrollo ilimitado, del crecimiento económico constante…

Es decir, mentalmente, el ambientalismo continúa dentro del sistema, es deudor de la misma mentalidad que ha causado los problemas ecológicos. Propone una política de soluciones que no cortan el mal, sino que simplemente tratan de aliviar sus consecuencias, y con ello lo prolongan…

La actitud ecológica radical

Otra actitud es la radical, porque quiere ir a la raíz del problema. Las varias corrientes ecológicas que aquí se agrupan coinciden en identificar esa raíz en las ideas y representaciones que han posibilitado la depredación de la naturaleza y han llevado al mundo occidental hacia la autodestrucción. Ésta es la raíz del problema, porque es la raíz del sistema que lo ha causado.

Por eso, estos ecologistas proponen luchar por un cambio en las ideas profundas que sostienen nuestra civilización y configuran nuestra forma de relación con la naturaleza, relación que nos ha llevado al desastre actual y a la posible catástrofe.

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La actitud ecológica radical implica una crítica a los fundamentos culturales de Occidente. Cuestiona fundamentalmente:

a) la primacía absoluta que damos a los criterios económico-materiales para medir la felicidad y el progreso; la creencia en la posibilidad de un crecimiento constante e ilimitado tanto en economía como en comodidades y en población humana, como si no hubiera límites o no los estuviéramos ya sobrepasando;

b) la creencia de que la tecnología y el crecimiento solucionarán todos los problemas;

c) el absurdo de una economía que todo lo cuantifica menos los costos ecológicos, y sobre todo, la ignorancia crasa sobre la complejidad de la vida, la sacralidad de la materia y la fuerza espiritual del Universo.

Esta forma tradicional de pensar, este viejo paradigma, que tiene raíces filosóficas y hasta religiosas, es lo que nos ha puesto históricamente en guerra contra la naturaleza, contra la biodiversidad, contra los bosques, los ríos, la atmósfera, los océanos…

Sólo cambiando esa vieja forma de pensar nos podremos reconciliar con el planeta. Si no erradicamos la forma de pensar que es la causa de que estemos destrozando el planeta, no servirán de mucho las actitudes ambientalistas, apagando los fuegos causados por esa mentalidad, dejando que siga en pie la mentalidad vieja, haciendo desastres ecológicos todos los días.

La mayoría de los incendios en el Amazonas son causados para “abrir” nuevas áreas para la cría de ganado o la plantación de soja, destruyendo la vegetación nativa y contaminando la atmósfera. Fotografía: en el asentamiento de Dom Pedro, aquí en el Araguaia. Incendio de 2019.

Una visión holística

Todo ello es una visión nueva, no antropocéntrica, sino holística: miramos ahora desde el todo (naturaleza), y no desde la parte (el ser humano).

Y creemos en la primacía del todo sobre la parte. El ser humano necesita de la Naturaleza para subsistir, la Naturaleza se las arregla muy bien sin el ser humano.

El humanismo clásico postulaba que el ser humano era el único portador de valores y significado, y que todo lo demás era materia bruta a su servicio… Ha sido una visión gravemente equivocada, que nos ha puesto en contra de la naturaleza, y que ha de ser erradicada.

Sólo si abordamos una «reconversión ecológica» de nuestros estilos de vida, de nuestra mentalidad, incluso de nuestra espiritualidad… estaremos en capacidad de «volver a nuestra Casa Común», a la Naturaleza, de la que, indebidamente, nos autoexiliamos en algún momento del pasado.

Captar estos motivos más profundos, los motivos que van a la raíz, descubrir la ecología como camino integral de sabiduría para nuestra propia realización personal, social y espiritual, eso es lo que significa llegar a descubrir la «ecología integral». Con ella podremos vivir en plenitud la comunión y la armonía con todo lo que existe, y con todo que somos, sabiéndolo y saboreándolo, de una manera integralmente ecológica, sin quedarnos en actitudes cortas, simplemente ambientalistas, a medio camino.

Sólo si abordamos una «reconversión ecológica» de nuestros estilos de vida, de nuestra mentalidad, incluso de nuestra espiritualidad… estaremos en capacidad de «volver a nuestra Casa Común», a la Naturaleza, de la que, indebidamente, nos autoexiliamos en algún momento del pasado.

2. ADOPTAR UNA NUEVA COSMOLOGÍA

El mundo que hoy conocemos es totalmente diferente del mundo en el que pensábamos que estábamos. Si somos unos «seres-en-el-mundo», la ciencia nos ha transformado, porque nos hace conscientes de que estamos en otro mundo. Y este otro mundo no sólo se diferencia en sus dimensiones (infinitamente mayores en espacio, en tiempo), sino en su historia, y sobre todo en su naturaleza y en su complejidad. Es «otro mundo». Y por eso, nosotros, que somos parte y fruto de esta nueva visión del mundo, resultamos ser otra cosa que lo que pensábamos.

Desde esta nueva visión que la ciencia hace posible hoy día –por primera vez en la historia de la humanidad– es preciso ahora «re-convertirlo todo», replantear y reformular todo lo que hasta ahora creíamos: nuestra idea del mundo, del cosmos, de la materia, de la vida, de nosotros mismos, de lo espiritual… Todo es diferente desde la nueva visión.

Nos tenemos que reinventar, reconvirtiéndolo todo, desde la nueva visión de la ecología integral.

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3. TENER UNA NUEVA VISIÓN DEL MUNDO

Las personas y la sociedad son deudoras de la visión tradicional del mundo, que lo concebía como un aglomerado de objetos (no como una comunidad de seres vivos ni, mucho menos, como un cuasi-organismo vivo).

Durante los últimos siglos ha sido enteramente dominante la división cartesiana de la realidad en cosas materiales, extensas (físicas, inanimadas, materiales, organizadas mecánicamente) y entidades espirituales, pensantes, con conciencia, incorpóreas.

Todo el mundo extenso estaría compuesto de materia, esa realidad física compacta, inanimada, pasiva, sin vida, estéril por sí misma. Los animales mismos no dejarían de ser máquinas bien organizadas, pero desprovistas de entidad mental o espiritual. Todo sería objetos, todo un mundo de objetos, en el que estaríamos decepcionantemente solos, sin nadie con quien compartir fuera de nosotros mismos.

Sólo hay un árbol genealógico en este planeta, que agrupa e incluye a todos los seres vivos (incluidos los humanos).

Otra visión de la vida

La visión tradicional que hemos tenido de los seres vivos es la de seres inferiores a nosotros, clasificados en especies y familias separadas «creadas» de un modo fijo y estable desde el principio, independientes, sin parentesco. Hoy las ciencias ecológicas nos dan una visión totalmente diferente.

Sin que sepamos todavía si la vida brotó en nuestro planeta o llegó aquí desde fuera traída por meteoritos, lo cierto es que toda la vida del planeta está emparentada. Es sólo una, porque es la misma, sólo que evolucionada con una creatividad inimaginable.

La ciencia hoy nos hace ver que no existen familias vegetales y animales sueltas, independientes, que compartan sólo apariencias externas… sino que todos los seres vivos de este planeta son miembros de una misma y única familia. Sólo hay un árbol genealógico en este planeta, que agrupa e incluye a todos los seres vivos (incluidos los humanos).

La biosfera

No es un aglomerado de seres vivos amontonados en la superficie de este planeta. Es una red de sistemas, de sistemas de sistemas, interdependientes, retroalimentados, que dependen de interacciones de variables sutiles que mantienen estables los equilibrios de los que depende el bienestar común.

La famosa primera fotografía de la Tierra desde el exterior, desde el Apolo 8, en 1968, sobrecogió a la opinión publica, y la hipótesis «Gaia» de James Lovelock nos hizo pensar: ese planeta azul revestido de esa capa sutilísima de vida, la biosfera, está vivo, a su manera, pero manteniendo lo sustancial de lo que llamamos «ser vivo»: una capacidad autoorganizativa y autorreguladora que permite la continuidad estable de la vida dentro de sus propios límites, sin deteriorarse, manteniéndose contra el tiempo.

Para los pueblos indígenas, la separación entre persona, naturaleza, cultura y espiritualidad es impensable. Todo está relacionado y es parte del mismo todo. Fotografía: niño del pueblo Xavante en la aldea Marãiwatsédé. Articulación Xingu Araguaia (AXA).

4. …Y UNA NUEVA VISIÓN DE NOSOTROS MISMOS

Desde hace miles de años nos hemos visto como «otra cosa», como algo diferente de todo lo existente en el mundo, un ser infinitamente superior, y por eso mismo con derecho de dominio absoluto sobre todo lo que hay en la tierra.

Nosotros veníamos de arriba (de Dios), no de abajo (de la Tierra); de fuera de este mundo (somos espirituales, e inmortales), no de dentro… Pero las actuales nuevas ciencias cosmológicas ven las cosas de otra manera.

Para entenderlo y expresarlo fuimos creando creencias y mitos religiosos que lo «justificaban»: habríamos sido creados por Dios aparte, en el 6º día de la creación, «a imagen y semejanza suya», sólo nosotros. Nosotros veníamos de arriba (de Dios), no de abajo (de la Tierra); de fuera de este mundo (somos espirituales, e inmortales), no de dentro… Pero las actuales nuevas ciencias cosmológicas ven las cosas de otra manera:

Somos tierra

 No venimos de fuera, sino de dentro: o sea, venimos de la tierra. Nuestro cuerpo está hecho de elementos, de átomos que no son eternos, que tienen fecha de fabricación, que fueron elaborados por las estrellas, en la explosión de las supernovas, que permitieron la aparición –por primera vez– del calcio para nuestros huesos, del hierro para nuestra sangre, del fósforo para nuestro cerebro… Todo lo que ha pasado en estos miles de millones de años de evolución de la Tierra para hacernos posibles a nosotros, es nuestra propia «historia sagrada», no sólo los apenas 4000 años de los relatos sagrados de nuestras religiones.

 No venimos de arriba, no hemos caído como un paquete ya hecho y preparado, sino que somos una especie emergente, formada por evolución a partir de otras anteriores. Somos primates, de la familia de los grandes simios, y somos, eso sí, la única especie que queda de las varias del género homo que hicieron el recorrido evolutivo de una mayor encefalización, con la que hemos accedido a un nivel de conciencia y autoconciencia único en el conjunto de la Comunidad de la Vida de este planeta.

• Nuestra reflexión, nuestra espiritualidad, y quizá la actual secularidad y la pos-religionalidad… son la evolución de la Tierra y de la Vida más allá de la evolución biológica y genética, más allá de la evolución cultural… Es la Tierra, y la Vida que la anima, quien vive y se expresa en nosotros y nos trasciende.

Plantearnos todo esto y replantearnos toda aquella vieja forma de mirarnos como separados del mundo, como superiores a él, como ajenos a todo lo cósmico y ecológico… significa que estamos volviendo a nuestra casa, a nuestro hogar ecológico, de donde nunca debiéramos habernos ido. Es volver a poner los pies en la Tierra, en el suelo de la Vida.

En el asentamiento de Dom Pedro, a 100 km de São Félix do Araguaia, estamos construyendo una forma de vida cercana a la naturaleza. Unas 100 familias forman parte de este proyecto. Fotografía: Associação ANSA

5. SENTIR UNA NUEVA ESPIRITUALIDAD

La ecología integral es una forma de mirar (un paradigma) que lo incorpora todo al marco de la naturaleza: todo es considerado como parte de la naturaleza, del mundo, de la realidad cósmica. ¿También lo espiritual y lo religioso? Sí, también, todo.

Tradicionalmente no era así. Se consideraba que lo espiritual era totalmente diferente a este mundo material. Espiritual era lo no material, lo no corporal, lo no terrenal. Creíamos que lo espiritual pertenecía a otro mundo, el mundo celestial, o como también se llamaba, lo sobre-natural. Dábamos por supuesto un dualismo, una separación radical, entre esos dos ámbitos.

Eco-Espiritualidad: experiencia espiritual

La EE no es un saber intelectual, un conjunto de ideas, sino un saber-sabor cordial, procesado con la inteligencia eco-sensible, con el corazón.

Es una experiencia de admiración extasiada de la belleza sobrecogedora del cosmos percibida como verdadera epifanía del misterio.

Es una experiencia contemplativa transformadora, unitiva, fruitiva y a la vez de éxtasis, que nos saca de nosotros mismos y nos traslada a un mundo inefable)… Acaba produciendo un sentido de comunión no dual (no estamos separados del Misterio que nos arroba y extasía), y con ello un sentido de pertenencia a la Naturaleza, a la Tierra, a la Vida, al Universo, al Todo Misterioso.

No se necesita apartarse del mundo (¡todo lo contrario!), ni someterse a un proceso iniciático complicado: está al alcance de cualquiera que ponga manos a la obra.

Eco-Espiritualidad y praxis

Ver y sentir de otra manera, nos lleva inevitablemente a actuar de modo diferente. Ojos que ven, corazón que siente, y manos que actúan. Sentirnos pertenecientes a la Tierra nos lleva a sentirla y defenderla como a nuestro propio cuerpo, como a nuestra Casa Común.

Recuperar una espiritualidad ecocentrada, libre de aquella milenaria alienación por la que estuvimos sentiéndonos más hijos del cielo que de la Tierra, es la única esperanza para salvar la Vida y el Planeta, porque sólo dejaremos de destruir la Tierra cuando sintamos su carácter sagrado, y nos sintamos a nosotros integralmente parte de su Cuerpo divino.

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6. RECONVERTIRNOS ECOLÓGICAMENTE

Cada día los medios de comunicación apelan al «crecimiento económico», como lo único importante. Crecer en renta económica, en dinero, a costa de lo que sea. Es un discurso hegemónico en nuestra sociedad.

Como en el cuento de Andersen: es ya bastante gente la que intuye que es falso, que es precisamente lo contrario lo que estamos necesitando: no tanto crecer, cuanto simplemente desarrollarnos, es decir, organizarnos mejor, distribuir más equitativamente, y dejar de destruir nuestro propio hábitat, cuidar nuestro nicho ecológico, romper con hábitos y lujos superfluos y dañinos. Y sobre todo, cambiar el patrón energético actual, a base de energías fósiles que envenenan constantemente el aire que respiramos,

Seamos realistas y digamos la verdad: ya estamos en la 6ª gran extinción, en el camino cierto que conduce a la gran catástrofe.

Atrevernos a decir la verdad: estamos en emergencia

Digamos la verdad: estamos ya entrando en esa parte resbaladiza donde ya no se puede frenar y parar, simplemente con el hecho de decidirlo. Nuestro ritmo de vida y nuestro patrón productivo y energético son tales, que hoy ya no podríamos detenernos, aunque viéramos que nos vamos a morir, porque detenernos sería otra forma de muerte igual o peor.

Seamos realistas y digamos la verdad: ya estamos en la 6ª gran extinción, en el camino cierto que conduce a la gran catástrofe. Otra cosa es que «teóricamente» pudiéramos detenernos… La realidad es que llevamos una gran inercia que nos hace dificilísimo parar, y para colmo, no estamos convencidos de la necesidad de hacerlo, ni estamos dispuestos a asumir los grandes sacrificios que habría que hacer para conseguir ir frenando y finalmente detenernos en la carrera hacia la catástrofe.

Sólo si cambiáramos mucho, muchísimo, y sólo si lo hiciéramos muy rápidamente, podríamos evitar esa catástrofe que ahora mismo es lo más probable.

Sólo si lográramos hacer una reconversión socio-político-económico-productiva descomunal de nuestra sociedad, y una transformación radical de nuestro estilo de vida, de nuestro patrón energético y de nuestro sistema de producción, podríamos detenernos.

Sólo si cambiáramos mucho, muchísimo, y sólo si lo hiciéramos muy rápidamente, podríamos evitar esa catástrofe que ahora mismo es lo más probable. Si no lo conseguimos, o –lo que es peor– si simplemente no hacemos nada –aunque sea sin dejar de «hablar» del tema– la catástrofe está garantizada. Continuar teniendo miedo a decirlo es un error, y un falso servicio a la humanidad. Hay que decirlo.

Los indígenas “sienten la sacralidad de la tierra”. Por eso, valorar y luchar por la preservación de su cultura y visión del mundo es también un compromiso con la vida. Fotografia: Associação ANSA.

7. PRACTICAR LA ECOLOGÍA INTEGRAL

Dada la nueva visión ecológica crítica a la que hoy hemos llegado, es obvio que tenemos que cambiar. Si sabemos que el mundo no es como habíamos imaginado; si nos percibimos a nosotros mismos de otra manera; si nuestra conducta equivocada nos ha metido en un camino de autodestrucción… debemos ser coherentes con esta nueva visión ecológica: urge abandonar el actual modelo de civilización, volcado enteramente hacia el «crecimiento económico», a costa de la vida –que estamos destruyendo en la nueva extinción masiva que hemos desatado–. Urge poner en marcha un nuevo sistema económico que sea integralmente funcional a la conservación y al crecimiento de la Comunidad de la Vida en este planeta, y al Buen Vivir de la humanidad en armonía con nuestra hermana Madre Tierra. Ésta es la gran transformación que urge poner en marcha.

Con los nuevos fundamentos teóricos (la nueva visión que la ciencia ha hecho posible), y con la fuerza interior que nos da la nueva sensibilidad espiritual hacia la naturaleza, podemos/debemos poner en marcha nuevas prácticas integradas con esta visión integralmente ecológica. Hemos de asumirlas con plena convicción, en nuestra propia vida en primer lugar, y tratar de difundirlas militantemente.

Ya no hay tiempo para discutir, sólo urge cortar radicalmente la emisión de más CO2. Hay que reducir drásticamente el uso de los combustibles fósiles.

Un cambio radical de sistema energético

Obviamente necesitamos energía para vivir, y en la Tierra, y sobre todo en los rayos del sol, la hay más que suficiente, sobreabundantísima. El problema es que ingenuamente, hemos montado nuestra civilización sobre la energía del carbono, cuyo dióxido (CO2) sólo muy tarde hemos sabido que envenena la atmósfera y produce el efecto invernadero, que ya está en marcha hace tiempo, y que hoy sabemos que se acelera indubitablemente: todos los años de este siglo XXI son de los más calientes conocidos. Ya no hay tiempo para discutir, sólo urge cortar radicalmente la emisión de más CO2. Hay que reducir drásticamente el uso de los combustibles fósiles (petróleo, gasolina, gas, carbón…) en favor de energías limpias y renovables

Vivir con austeridad, sin lujos innecesarios, sin niveles de vida ofensivos para la inmensa mayor parte de la población mundial, que vive en la pobreza. Erradicar en mí el consumismo.

Un cambio de estilo de vida

Muchas personas, en muchos lugares, haciendo cosas pequeñas, en todos los aspectos de su vida, marcarán un cambio profundo en la vida de este planeta y darán comienzo a una civilización nueva, civilización de la austeridad compartida y del Vivir Bien y en armonía con la Madre Tierra:

• Vivir con austeridad, sin lujos innecesarios, sin niveles de vida ofensivos para la inmensa mayor parte de la población mundial, que vive en la pobreza. Erradicar en mí el consumismo. No comprar lo que no necesito. No pretender tener «el último modelo». Cero gastos innecesarios. Recortar comodidades innecesarias e invertirlas a favor de la ecología.

• Utilizar menos agua caliente.

• Cero comida tirada a la basura. No a la dieta obsesivamente cárnica.

• Apagar las luces innecesarias, no utilizar el standby de los electrodomésticos. No comprar nuevos aparatos cuando no nos son necesarios.

• Las «cinco erres»: reutilizar, reducir, reparar, reciclar, regular –cfr en google–.

Se trata de una «reconversión ecológica», tanto como de una «revolución cultural»: todo es distinto, y es la única salida. El viejo estilo de vida es «ecocida»: si no nos convertimos, nos suicidamos.

Una opción por el decrecimiento

El «decrecimiento» es una corrección del estilo de vida que hoy se hace imprescindible para desandar parte del camino recorrido en la autodestrucción del planeta. Es un tema delicado, porque tiene muchos enemigos, ya que toca uno de los «dogmas» más sensibles del sistema económico, el del «crecimiento continuo, ilimitado». Pero en un planeta finito, donde ya hemos ocupado mucho de lo que él necesita para reponer nuestro consumo, abogar por un crecimiento ilimitado resulta insostenible (suicida incluso).

Continuar reivindicando el crecimiento ilimitado para dar a toda la población mundial el nivel de vida actual de los países desarrollados implicaría poder disponer de varios planetas; pero sólo tenemos éste. Pretender continuar creciendo de ese modo es optar por autoasfixiarnos.

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Una nueva visión, integralmente ecológica

Para una buena práctica, dos cambios previos:

 Cambio de pensamiento. Ojos que no ven, corazón que no siente… Una persona que todavía tiene la vieja imagen, que todavía está pensando que es un ser celestial que vive en medio de un mundo de meros objetos y animales inferiores, va a despreciar el mundo, sin percatarse de las maravillas que le rodean en medio de la Comunidad de la Vida de este planeta, y sin prestar atención a los misterios insondables del Cosmos del que somos parte.

 Cambio de espiritualidad. La espiritualidad tradicional miraba sólo al cielo de los espíritus, no al mundo natural de esta Tierra, y sólo nos remitía a textos sagrados espirituales. Parecía que se era tanto más espiritual cuanto más se alejaba uno de esta Tierra. Hoy estamos cambiando; intuimos que el espíritu es inmanente a la materia, que el mundo no es enemigo del alma, y que podemos/debemos volver a la Tierra como nuestro hogar espiritual…

Este texto es un resumen de la publicación en la Agenda Latinoamericana de 2017.

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20 de abril de 2020

Las causas de Pedro Casaldáliga

A los hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares.

Queridos amigos:

Con frecuencia recuerdo nuestros encuentros: dos en el Vaticano y uno en Santa Cruz de la Sierra y les confieso que esta “memoria” me hace bien, me acerca a ·ustedes, me hace repensar en tantos diálogos durante esos encuentros y en tantas ilusiones que nacieron y crecieron allí y muchos de ellas se hicieron realidad. Ahora, en medio de esta pandemia, los vuelvo a recordar de modo especial y quiero estarles cerca.

 En estos días de tanta angustia y dificultad, muchos se han referido a la pandemia que sufrimos con metáforas bélicas. Si la lucha contra el COVID es una guerra, ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí, como les dije en nuestros encuentros, verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.

 Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios. Sin embargo, no se encierran en la queja: se arremangan y siguen trabajando por sus familias, por sus barrios, por el bien común. Esta actitud de Ustedes me ayuda, cuestiona y enseña mucho.

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Hecho desde Barcelona y desde el Araguaia!

Pienso en las personas, sobre todo mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios cocinando con dos cebollas y un paquete de arroz un delicioso guiso para cientos de niños, pienso en los enfermos, pienso en los ancianos. Nunca aparecen en los grandes medios. Tampoco los campesinos y agricultores familiares que siguen labrando para producir alimentos sanos sin destruir la naturaleza, sin acapararlos ni especular con la necesidad del pueblo. Quiero que sepan que nuestro Padre Celestial los mira, los valora, los reconoce y fortalece en su opción.

 Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.

Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento… y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos.

También quisiera invitarlos a pensar en “el después” porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tiene la cultura, la metodología pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo. Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible. Ustedes saben de crisis y privaciones… que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades.

Sigan con su lucha y cuídense como hermanos. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los bendiga, los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles esa fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda: la esperanza. Por favor, recen por mí que también lo necesito.

 Fraternalmente,

Ciudad del Vaticano, 12 de abril de 2020, Domingo de Pascua.

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7 de abril de 2020

La obra de Pedro Casaldáliga

Opción por los pobres:

la misma espiritualidad cristiana

La OP, en cristiano, es la misma opción por el Reino de Dios en este mundo sojuzgado estructuralmente por el antirreino, en este mundo maltrecho de Dios.

La OP no sólo es un rasgo de la espiritualidad cristiana. Es la misma espiritualidad cristiana, si entendemos que el Reino es la opción de Jesús, porque es la voluntad del Padre. El Reino, visto desde el lado de acá, es desafío, conquista, práctica, respuesta nuestra… Mirado desde el lado de allá -donde ya no habrá ni ricos ni pobres-, el Reino será pura gratuidad, puro don: el Padre acogiéndonos a todos. El Hijo de Dios, el Verbo, para contestar al antirreino que el pecado del mundo venía estableciendo en la tierra de los hijos de Dios, no sólo «se hizo hombre», no sólo se hace humano, sino que se hace también pobre, se hace colonizado, incomprendido, perseguido, prohibido, excluido, excomulgado, condenado, ejecutado, maldito… La OP de Jesús es la kénosis de Cristo. Y la OP es la actitud kenótica de todo cristiano.

Repito: siempre que estemos de acuerdo en que la espiritualidad cristiana es la opción por el Reino: la voluntad del Padre que Jesús anuncia, asume, realiza y sufre, y por la cual, en la cual, para la cual, y desde la cual resucita.

El Pueblo Xavante, que vive en el Araguaia, fue expulsado de su tierra en 1964 por los grandes terratenientes. Hoy, luchan por recuperar plenamente su cultura, tradiciones y modo de vida ancestral. Para saber más, publicamos esa entrada hace un tiempo. Foto: nuestra

Fundamento teológico

Ese es el fundamento teológico de la OP. Pero aún podemos decirlo de otra manera.

La teología cristiana se fundamenta en la palabra, la actitud, la vivencia, la muerte y la resurrección de Jesús. Por eso es teología «cristiana». Cuando hablamos de Jesús, hablamos, o debemos hablar, automáticamente, del Dios de Jesús. Entonces, si ese Dios de Jesús envía a su propio Hijo para reparar el Reino maltrecho, para reanunciarlo, para que la humanidad pueda esperarlo de nuevo, y para que la humanidad colabore, como debe, en su construcción, es evidente que la voluntad de Dios sobre la humanidad es la finalidad de la humanidad. No puede ser otra.

Para nosotros los cristianos, en la actual coyuntura, en la actual contingencia de la humanidad, Dios no opta por la humanidad, Dios opta por los pobres en la humanidad. Contestando a los que en el privilegio, en el lujo, en el consumismo, en la capacidad de esclavizar, de dominar… han negado la condición de hermanos -y por lo mismo la condición de hijos de Dios- a los otros. Contestando a los que han construido en este mundo un antirreino, en este mundo que debería ser ya una realización de su Reino, anticipando en esperanza la plenitud futura.

Por eso, la Buena Noticia es anunciada a los pobres. La bienaventuranza se realiza en los pobres. Y éste es el fundamento de la OP.

Opción por los pobres:

kénosis y encarnación

Recordemos la palabra de Pablo: él, Cristo Jesús, siendo rico, por nosotros se hizo pobre (Fil 2, 6ss). «Se hizo»: desencarnamos totalmente esa palabra si la pretendemos entender en un sentido sólo espiritual. ¿Qué significa «se hizo»? Es una palabra encarnacional, evidentemente. Supone todo un proceso histórico: su modo de vida, sus conflictos, su ubicación geopolítica, cultural… todo lo que él realmente vivió.

Las implicaciones de esa opción, las exigencias de esa espiritualidad también arrancan del propio seguimiento de Jesús.

Si yo opto por la mayoría de los hijos de Dios, sometidos a una vida de antirreino, prohibidos en su condición de seres humanos -en su condición de hermanos y de hijos-, automáticamente debo, en primer lugar, acercarme a ellos, conocerlos, sentirlos, compadecerme de su situación, conmoverme por su realidad, participar en su propio sufrimiento, en su grito, en su pobreza, en su lucha, en su proceso.

La kénosis, ante todo y sobre todo es la bajada, la entrada, la encarnación… Así pues, una espiritualidad de OP es una espiritualidad encarnacionista en el más puro sentido de la palabra.

Algunos han tenido miedo a la palabra «encarnacionista», como si encarnarse supusiera prescindir de lo histórico, de lo político… El Hijo de Dios no se encarna en las nubes: se encarna en un ser humano, en un pueblo, en una cultura, en una estructura, en una coyuntura…

En el poblado de Novo Santo Antônio, la mayoría de familias sobrevive con menos de 1 euro al día por persona. Mientras, los grandes capitales compran tierras, desmatan y plantan soja para exportar. Foto: nuestra

Opción por los pobres:

espiritualidad profética, revolucionaria y utópica

Supone también, por otra parte, a partir de la opción por el Reino de Dios, a partir del seguimiento de Jesús, la contestación profética, la revuelta profética, la indignación profética frente a esa situación que niega el Reino, que impide a los hermanos ser hermanos, que impide a los hijos ser hijos.

Todos los profetas de Israel, el gran profeta Jesús, las palabras terminantes e indignadas del evangelio… nos iluminan, en el seguimiento de Jesús, esa actitud de profecía, de revuelta, en la medida en que nosotros nos compenetramos con la pobreza de los pobres, maldecimos la pobreza maldita de los pobres. La Cruz de Cristo niega la cruz. Él maldice la cruz precisamente para acabar de una vez con todas las cruces malditas. Por lo menos en su propia persona y en esperanza para todos nosotros.

Esa encarnación, esa compasión, compenetración, ese asumir la miseria, el sufrimiento, la indignación, la revuelta, el proceso de liberación de los pobres, la voluntad de salir del estado en que viven, nos pondrá automáticamente en una postura política -revolucionaria incluso- de transformación radical de una sociedad que no responde a la voluntad de Dios, al proyecto del Reino. Y nos confrontará automáticamente con todas las fuerzas y poderes que sujetan a la mayoría de los hermanos a la miseria, a la dependencia, a la no-vida, a ese mundo que está en el pecado, puesto en el Maligno, como dice Pablo.

No estamos negando, de ningún modo, el pecado personal; al contrario, estamos diciendo que reconocemos los pecados personales acumulados en una estructura de pecado, que es antirreino visible, diario. Las implicaciones políticas de esa postura deben ser tan coyunturales como estructurales, tan diarias como utópicas.

Una verdadera espiritualidad de la OP es una espiritualidad revolucionaria, decimos. Por eso mismo es una espiritualidad utópica. Ese mundo que está ahí no les sirve a los hijos de Dios, no sirve a los hermanos, contradice el Reino de Dios: ¡queremos otro!

Entramos necesariamente en el proceso de transformación de la sociedad, en el proceso de la revolución.

Opción por los porbres y solidaridad

Los teólogos de la liberación han recordado con frecuencia que la misma contemplación, la oración de los espirituales de la liberación se expresa, se traduce -se comprueba sobre todo- en las prácticas no sólo sociales sino en las prácticas explícitamente políticas.

Para que la caridad no se quede en «compasión» distante, o en «benevolencia» intermitente o transitoria, debe ser solidaridad política. Sólo así será verdadera caridad. Sólo así amará al hermano en la realidad en que el hermano vive. Sólo así ayudará al hermano de un modo eficiente. A lo mejor el sacerdote y el levita de la parábola, al pasar al lado del malherido, tuvieron un cierto sentimiento de compasión. No sabemos si le dejaron alguna limosna. Lo importante, lo dramático, lo que les fue condenado, es que no hicieran la acción concreta de transformar la realidad en la que él vivía, la acción concreta de llevar su solidaridad hasta las últimas consecuencias.

Sólo se lleva la solidaridad hasta las últimas consecuencias cuando de parte de uno se hace todo lo posible para que el hermano salga de la situación en que está. El propio Dios no nos habría demostrado que nos amaba si se hubiera quedado en su infinita compasión allá… Tuvimos necesidad de que saliera de su compasión e hiciera el gesto extremo… Por eso digo yo que Jesús es la propia solidaridad de Dios en persona, la solidaridad que va hasta las últimas consecuencias.

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En el Asentamiento Don Pedro, a 100Km de São Félix do Araguaia, atendemos a 60 familias que viven en situación de extrema pobreza. Doña Alenira y su marido son unas de las más luchadoras!. Foto: nuestra

Ascética y mística de la opción por los porbres

La ascética y la mística de esa espiritualidad de la OP será, evidentemente, en primer lugar, una actitud de discernimiento, de sensibilidad, de percepción, de crítica, de autocrítica, de descodificación de la realidad, de análisis incluso político de la realidad misma. Será una espiritualidad que ande por el mundo de los pobres, por en medio de las mayorías prohibidas y oprimidas con los ojos abiertos. Hay obispos, sacerdotes visitantes cristianos, personas muy buenas, que vienen del primer mundo: visitan nuestras ciudades, visitan nuestras Iglesias y no descubren a esas inmensas «mayorías» de América Latina, del tercer  mundo,  del  mundo  entero, que  viven realmente prohibidas.  Así pues: los ojos  abiertos a la realidad, la atención al «clamor» de los oprimidos (Medellín y Puebla nos han recordado que el clamor está ahí, y es lamentable que hasta hace poco la Iglesia no ha descubierto que es un clamor colectivo, y que es un clamor estructural, y que cada vez es más estruendoso…).

En segundo lugar, la compasión, la conmoción, la compenetración que debe llevar a la convivencia: estar-en, estar-con, seguir, acompañar a los pobres, asumir sus mismas privaciones, sus riesgos…

Se ha olvidado demasiado el texto mismo de Puebla (1134), que habla de una opción «clara» y «solidaria» por los pobres. «Clara»: diríamos que con una conciencia clara incluso políticamente, para   ser integralmente clara. Y «solidaria». La palabra viene de «in solidum», que significa en bloque con, conjuntamente con. Entonces, una opción por los pobres «solidaria» exige estar con el pobre, convivir  con el pobre, pasarla mal con el pobre, arriesgar con el pobre… y, en todo caso, mudar de lugar social  e incluso de lugar geográfico -en la medida de lo posible- para estar en medio de los pobres.

En tercer lugar supone asumir los procesos  de los  pobres, las decisiones de los pobres,  caminar en su propio caminar, respetando su ritmo, entrando en sus  propias  reivindicaciones.  Podremos optar por los pobres con todo el espíritu crítico necesario, con toda la lucidez de la fe, pero nunca «a distancia». Sólo opta por los pobres aquél que se aproxima a ellos y camina con ellos.

Esto exigirá, necesariamente, una gran capacidad de llevar la cruz, la cruz de la privación de la pobreza, de la renuncia, del riesgo, del silencio a veces, de la conflictividad.

Y al mismo tiempo supondrá una gran capacidad de aguante, de esperanza, en el sentido pleno de la palabra, aquella esperanza de la que hablaba Pablo. Si uno quiere no llegar a la desesperación, a  la pura  indignación sin sentido, sin salida, a la blasfemia diríamos, uno debe llevar en sí  una gran fuerza de esperanza. Pienso que cuanto más cerca se vive de la miseria, del sufrimiento, de la muerte, más la esperanza debe ser expresión cotidiana casi espontánea de nuestras vidas.

Ahí los profetas nos enseñan tanto el anuncio del Dios vivo y verdadero y de sus planes y proyectos, como la denuncia de los ídolos, de los antiproyectos que contradicen el proyecto de Dios, como también la actitud de la consolación: «consolad a mi pueblo» (Is 40, 1).

Es evidente que esa espiritualidad exigirá una gran dosis de oración, de contemplación. Solamente caminando siempre muy al desnudo, muy abiertamente, con el Dios vivo, el Dios y Padre de Jesús, el consolador de los pobres, el «Pater pauperum», Padre de los pobres… se podrá vivir la espiritualidad de la OP con ecuanimidad, dando el testimonio que se debe dar y de un modo constructivo.

Me parece que es muy importante que la OP sepa también leer, celebrar, asumir las expresiones culturales de los pobres. Ese sería un rasgo muy característico: su alegría, su fiesta, la capacidad de hospitalidad, de compartir, la resistencia pasiva en muchas circunstancias, esos largos silencios de los pobres en sus luchas, en  las buenas «tácticas», en su proceso de liberación, en las mismas revoluciones populares, la capacidad que el pobre tiene de agradecer a los propios hermanos y a Dios.

Yo pienso que la Iglesia toda (sería un verdadero error hablar sólo de la Iglesia  del  tercer mundo) no puede tener más misión que la misión misma de Jesús -y ésa es la OP-: «el Espíritu del  Señor está sobre mí para…». Es decir, en la medida en que el Espíritu del Señor esté sobre nosotros, dentro de nosotros, ese «para» se hará realidad: anunciaremos la buena noticia a los pobres, ayudaremos a liberar a los cautivos, proclamaremos el año de gracia, que es la versión incluso temporal, histórica y hasta política y económica del Reino… en la expectativa, claro está de la plenitud del Reino.

La ascética y la mística de esa espiritualidad de la OP será, evidentemente, en primer lugar, una actitud de discernimiento, de sensibilidad, de percepción, de crítica, de autocrítica, de descodificación de la realidad, de análisis incluso político de la realidad misma. Será una espiritualidad que ande por el mundo de los pobres, por en medio de las mayorías prohibidas y oprimidas con los ojos abiertos. Hay obispos, sacerdotes visitantes cristianos, personas muy buenas, que vienen del primer mundo: visitan nuestras ciudades, visitan nuestras Iglesias y no descubren a esas inmensas «mayorías» de América Latina, del tercer  mundo,  del  mundo  entero, que  viven realmente prohibidas.  Así pues: los ojos  abiertos a la realidad, la atención al «clamor» de los oprimidos (Medellín y Puebla nos han recordado que el clamor está ahí, y es lamentable que hasta hace poco la Iglesia no ha descubierto que es un clamor colectivo, y que es un clamor estructural, y que cada vez es más estruendoso…).

En segundo lugar, la compasión, la conmoción, la compenetración que debe llevar a la convivencia: estar-en, estar-con, seguir, acompañar a los pobres, asumir sus mismas privaciones, sus riesgos…

Se ha olvidado demasiado el texto mismo de Puebla (1134), que habla de una opción «clara» y «solidaria» por los pobres. «Clara»: diríamos que con una conciencia clara incluso políticamente, para   ser integralmente clara. Y «solidaria». La palabra viene de «in solidum», que significa en bloque con, conjuntamente con. Entonces, una opción por los pobres «solidaria» exige estar con el pobre, convivir  con el pobre, pasarla mal con el pobre, arriesgar con el pobre… y, en todo caso, mudar de lugar social  e incluso de lugar geográfico -en la medida de lo posible- para estar en medio de los pobres.

En tercer lugar supone asumir los procesos  de los  pobres, las decisiones de los pobres, caminar en su propio caminar, respetando su ritmo, entrando en sus propias reivindicaciones.  Podremos optar por los pobres con todo el espíritu crítico necesario, con toda la lucidez de la fe, pero nunca «a distancia». Sólo opta por los pobres aquél que se aproxima a ellos y camina con ellos.

Esto exigirá, necesariamente, una gran capacidad de llevar la cruz, la cruz de la privación de la pobreza, de la renuncia, del riesgo, del silencio a veces, de la conflictividad.

Y al mismo tiempo supondrá una gran capacidad de aguante, de esperanza, en el sentido pleno de la palabra, aquella esperanza de la que hablaba Pablo. Si uno quiere no llegar a la desesperación, a la pura  indignación sin sentido, sin salida, a la blasfemia diríamos, uno debe llevar en sí  una gran fuerza de esperanza.

Pienso que cuanto más cerca se vive de la miseria, del sufrimiento, de la muerte, más la esperanza debe ser expresión cotidiana casi espontánea de nuestras vidas. Ahí los profetas nos enseñan tanto el anuncio del Dios vivo y verdadero y de sus planes y proyectos, como la denuncia de los ídolos, de los antiproyectos que contradicen el proyecto de Dios, como también la actitud de la consolación: «consolad a mi pueblo» (Is 40, 1).

Es evidente que esa espiritualidad exigirá una gran dosis de oración, de contemplación. Solamente caminando siempre muy al desnudo, muy abiertamente, con el Dios vivo, el Dios y Padre de Jesús, el consolador de los pobres, el «Pater pauperum», Padre de los pobres… se podrá vivir la espiritualidad de la OP con ecuanimidad, dando el testimonio que se debe dar y de un modo constructivo.

Me parece que es muy importante que la OP sepa también leer, celebrar, asumir las expresiones culturales de los pobres. Ese sería un rasgo muy  característico:  su alegría, su fiesta,  la capacidad de hospitalidad, de compartir, la resistencia pasiva en muchas circunstancias, esos largos silencios de los pobres en sus luchas, en  las buenas «tácticas», en su proceso de liberación, en las mismas revoluciones populares, la capacidad que el pobre tiene de agradecer a los propios hermanos y a Dios.

 Yo pienso que la Iglesia toda (sería un verdadero error hablar sólo de la Iglesia  del  tercer mundo) no puede tener más misión que la misión misma de Jesús -y ésa es la OP-: «el Espíritu del  Señor está sobre mí para…». Es decir, en la medida en que el Espíritu del Señor esté sobre nosotros, dentro de nosotros, ese «para» se hará realidad: anunciaremos la buena noticia a los pobres, ayudaremos a liberar a los cautivos, proclamaremos el año de gracia, que es la versión incluso temporal, histórica y hasta política y económica del Reino… en la expectativa, claro está de la plenitud del Reino.

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Iglesia y opción por los porbres

¿Qué sería una Iglesia popular?

 Yo quiero lamentar una vez más que se haya perdido la libertad y hasta la alegría de usar esta expresión. Varias veces se lo he «reclamado» a nuestros teólogos, que por una docilidad explicable en medio de ciertas persecuciones que estos buenos teólogos de América Latina vienen sufriendo,  se vieron obligados a renunciar a una expresión llena de sentido y de legitimidad.

Si decimos «Iglesia jerárquica», con más razón podemos decir «Iglesia popular». Por dos motivos: la Iglesia «tiene» jerarquía, pero «es» pueblo, pueblo de Dios. La jerarquía es minoritaria en la Iglesia, es un servicio a la Iglesia y, a partir de la Iglesia, al mundo. Mientras que el pueblo, ese pueblo de Dios, es la inmensa mayoría.

Por otra parte, hablar de Iglesia popular significa hablar de una «Iglesia en la base», donde están los pobres. Una Iglesia en el lugar donde se puso Jesús. Una Iglesia en el pueblo que se reconoce, que recobra su identidad, que asume su proceso.

Para nosotros, en esta América Latina, hablar de pueblo prácticamente es hablar de pueblo en proceso histórico. Más aún, pueblo en proceso histórico de liberación. En Brasil, por ejemplo, en los encuentros  de  pastoral,  de  teología  o  de  trabajo  popular,  etc.,  distinguimos  normalmente  entre «masa» y «pueblo». Masa, pueblo, comunidad, liderazgo…

Bíblicamente hablando, el pueblo de Dios, «el pueblo que no era pueblo y que  ahora  es pueblo»… «Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios»…

En fin, se trata de una expresión tan hermosa que yo hago votos porque sea recobrada, sin rubores, sin ceder a incomprensiones, que podrán partir de la mejor buena voluntad, pero que ciertamente no parten de lucidez teológica ni de visión comprometida pastoral, y que posiblemente, sin querer, están haciendo el juego a los que no quieren que el pueblo sea pueblo, a los que no quieren que la Iglesia sea pueblo, a los que no quieren que el pueblo se haga Iglesia…

Yo diría algunos sinónimos de Iglesia popular: Iglesia comunitaria, Iglesia participativa, Iglesia realmente inculturada, Iglesia autóctona. Creo que se trata de valores indispensables en la verdadera Iglesia de Jesús.

 -¿Iglesia popular e Iglesia de los pobres serían términos semejantes?

 Iglesia popular sería la Iglesia de los pobres conscientes, que se organizan, en proceso, en fermento de liberación…

 – Dice Leonardo Boff que Iglesia popular no se opone a Iglesia jerárquica, sino a Iglesia  burguesa…

Evidente. Y se opone también a Iglesia clerical, en el sentido peyorativo de  la palabra (una Iglesia clericalizada). La Iglesia popular acaba siendo la Iglesia pueblo de Dios, que opta realmente por los pobres, que se pone en su lugar, que toma partido por ellos, que asume su causa y sus procesos. Una Iglesia también que tira de la jerarquía y del clero, tira de la teología, tira de la liturgia, tira del mismo derecho canónico y les hace bajar en una kénosis histórico-pastoral  al lugar en que realmente se puso Jesús, que es el mismo pueblo.

¿«Iglesia burguesa» sería una contradicción?

 Evidente, evidente.

 – No puede existir una Iglesia burguesa?

Pregunto: ¿cuál sería el real código canónico evangélico de la Iglesia? Y  respondo: el mandamiento nuevo, las bienaventuranzas. En una Iglesia burguesa, Iglesia de privilegio, Iglesia de explotación de las mayorías, Iglesia de expulsión de las mayorías… ¿caben las bienaventuranzas? Una Iglesia burguesa ya no sería la Iglesia de Jesús.

– ¿Es que el bautismo, la conversión, exigirían cambiar de clase?

Pregunto: ¿no es acaso el bautismo un sumergirse en la pascua, en la muerte, en  la resurrección? Ese sumergirse en la muerte de Jesús, evidentemente, ha de ser la muerte del egoísmo, la muerte del privilegio acumulativo y excluidor. Y, en ese sentido, la muerte a una vida burguesa. Una vida burguesa es una vida pecaminosa, estructuralmente pecaminosa.

 – ¿Qué responderías a la objeción de que la Iglesia es para todos, de que está por encima de las opciones políticas?

Respondería que Cristo también vino para todos, y optó por los pobres. Y condenó a los ricos. Y rechazó el privilegio. Y fue sentenciado, torturado, ejecutado y colocado en la cruz por los poderes del latifundio, de la ley, del imperio.

No es posible pensar que el Evangelio sea para todos por igual. Lo peor que se podría decir del Evangelio es que  el Evangelio es neutro. Yo suelo decir: el Evangelio es para todos, a favor  de  los pobres y contra los ricos. Y me explico.

A favor de los pobres en lo que tienen ellos de pobreza evangélica, y contra la marginación y quizá la desesperación en que les toca vivir. Y contra los ricos: contra la posibilidad, la capacidad que ellos tienen de vivir en un privilegio que expolia a la inmensa mayoría de los hermanos, contra la capacidad de explotar a esos hermanos, contra la insensibilidad en que  ellos viven, contra la idolatría en que ellos están sumidos.

El rico, normalmente hablando, está excluido del Reino de los cielos. Sólo puede entrar en él si deja de ser rico.

Del libro “Sobre la Opción por los Pobres”. Varios autores. Coordinador: José María Vigil.

 

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El coronavirus mantiene al mundo en estado de shock. En lugar de combatir las causas estructurales de la pandemia, los gobiernos solo se están centrando en medidas de emergencia.

3 de abril de 2020

Las Causas de Pedro Casaldáliga

Conversamos con Rob Wallace sobre los peligros del COVID-19, la responsabilidad de la agroindustria y las soluciones sostenibles para combatir las dolencias infecciosas. Wallace es biólogo evolutivo y filogeógrafo para la salud pública en Estados Unidos. Ha investigado las nuevas pandemias durante 25 años y es autor del libro Big Farms Make Big Flu (Las grandes granjas producen grandes gripes).

¿Cuán peligroso es el coronavirus?

Depende de donde te encuentres en el momento del brote local de COVID-19: nivel inicial, pico máximo o fase tardía. ¿Cómo está respondiendo el sistema de salud de la región? ¿Cuántos años tienes? ¿Eres inmunológicamente vulnerable? ¿Cuál es tu estado general de salud? Por añadir una posibilidad no diagnosticable: ¿tu inmunogenética, la genética que subyace a tu defensa inmunológica se alinea contra el virus o no?

¿Así que todo este alboroto alrededor del virus es solo una estrategia para asustar a las personas?

No, en absoluto. El COVID-19 registraba una tasa de letalidad (CFR, Case Fatality Rate) de entre 2 y 4 % en la fase inicial del brote en Wuhan. Fuera de Wuhan, el CFR parece caer más o menos al 1% e incluso por debajo, pero también parece aumentar en puntos aquí y allá, incluso en lugares de Italia y EE. UU. Su rango no parece muy elevado en comparación con, por ejemplo, el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), que es del 10%; la gripe de 1918, del 5-20 %; la gripe aviar H5N1, del 60%; y, en algunos puntos, el ébola, con una tasa de mortalidad del 90 %. Pero, ciertamente, supera el 0,1% de CFR de la incidencia de la gripe estacional. Sin embargo, el peligro no es solo una cuestión de tasa de mortalidad, sino que también debemos afrontar lo que se denomina penetración de la tasa de ataque comunitario: qué penetración tiene el brote entre el conjunto de la población mundial.

¿Puede ser más específico?

La red global de viajes tiene una conectividad récord. Sin vacunas ni antivíricos específicos para el coronavirus ni ninguna inmunidad en estos momentos, incluso un virus con solo un 1% de mortalidad puede suponer un peligro considerable. Con un periodo de incubación de hasta dos semanas y cada vez más evidencias de que hay transmisión antes de la dolencia –antes de que sepamos que las personas están infectadas–, pocos lugares estarían libres de infección. Si, por ejemplo, el COVID-19 registra un 1% de víctimas mortales, el proceso de infección de cuatro mil millones de personas supondrá 40 millones de muertes. Una pequeña proporción de un gran número aún puede representar una gran cantidad.

Estas son cifras alarmantes para un patógeno considerablemente menos virulento…

Absolutamente, y solo estamos a comienzos del brote. Es importante comprender que muchas infecciones nuevas cambian en el transcurso de las epidemias. La infectividad, la virulencia o ambas pueden atenuarse. Por otro lado, otros brotes aumentan en virulencia. La primera oleada de la pandemia de gripe, la primavera de 1918, fue una infección relativamente leve. Fueron la segunda y tercera oleada de aquel invierno y hasta el 1919 las que mataron millones de personas.

Pero los escépticos de la pandemia sostienen que hay menos personas infectadas y menos muertes por el coronavirus que por la gripe estacional típica. ¿Qué opina?

Seré el primero en celebrarlo si este brote demuestra ser un fracaso. Pero estos esfuerzos para descartar el COVID-19 como un peligro menor citando otras enfermedades mortales, especialmente la gripe, son una estratagema retórica para presentar la preocupación sobre el coronavirus como inadecuada.

“El COVID-19 sólo está comenzando su viaje epidemiológico, y a diferencia de la gripe, no tenemos vacuna ni inmunidad colectiva para frenar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables”

Así que la comparación con la gripe estacional es engañosa.

No tiene mucho sentido comparar dos patógenos en las diferentes secciones de su epicurva, es decir, su curva de desarrollo. Sí, la gripe estacional infecta a muchos millones de personas en todo el mundo, y la Organización Mundial de la Salud estima que hasta 650.000 personas mueren por su causa cada año. Sin embargo, el Covid-19 solo está en el principio de su desarrollo epidemiológico. Y a diferencia de la gripe, no tenemos ni vacuna ni inmunidad colectiva para frenar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables.

Aunque la comparación sea engañosa, ambas enfermedades son causadas por virus que pertenecen incluso a un grupo específico, los virus ARN. Ambos pueden causar enfermedades. Ambos afectan a la boca y la garganta y a veces también a los pulmones. Ambos son bastante contagiosos.

Estas son similitudes superficiales que no tienen en cuenta una diferencia importante entre los dos patógenos. Sabemos mucho sobre la dinámica de la gripe. Sabemos muy poco sobre el COVID-19, que está lleno de incógnitas. De hecho, hay mucha información sobre el comportamiento del COVID-19 que no conoceremos hasta que el brote se desarrolle por completo. Al mismo tiempo, es importante comprender que no se trata de COVID-19 versus gripe estacional, sino del COVID-19 y la gripe. La aparición de múltiples infecciones capaces de desencadenar una pandemia y afectar a poblaciones enteras de manera combinada debería ser la principal preocupación.

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Hecho desde Barcelona y desde el Araguaia!

Ha estado investigando epidemias y sus causas durante varios años. En su libro Big Farms Make Big Flu intenta establecer conexiones entre las prácticas agrícolas industriales, la agricultura ecológica y la epidemiología viral. ¿Cuál es su visión?

El verdadero peligro de cada nuevo brote es el fracaso o, mejor dicho, la negativa a comprender que cada nuevo COVID-19 no es un incidente aislado. El aumento de la incidencia de los virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las empresas multinacionales. Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de agricultura y, más concretamente, la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo. Más bien todo lo contrario: cuando surgen nuevos brotes, los gobiernos, los medios de comunicación e incluso la mayoría de las instituciones médicas están tan concentrados en las emergencias por separado que ignoran las causas estructurales que llevan a múltiples patógenos marginales a convertirse en un fenómeno global inesperado.

El aumento de la aparición de virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales.

¿Quiénes son los responsables?

He mencionado la agricultura industrial, pero hay un panorama más amplio. El capital encabeza el acaparamiento de tierras en los últimos bosques primarios y explotaciones agrarias de pequeños propietarios en todo el mundo. Estas inversiones impulsan la deforestación y un desarrollo que conduce a la aparición de enfermedades. La diversidad funcional y la complejidad que representan estas vastas extensiones de tierra se unifican de tal manera que los patógenos, previamente encerrados, se están extendiendo a la ganadería local y a las comunidades humanas. En resumen, los centros del capital mundial, lugares como Londres, Nueva York y Hong Kong, deben ser considerados nuestros principales focos de enfermedades.

¿De qué enfermedades hablamos?

En este momento, no hay patógenos libres de la influencia del capital. Incluso las regiones más remotas se ven afectadas aunque sea desde la lejanía. El ébola, el zika, los coronavirus, la reaparición de la fiebre amarilla, una variedad de gripes aviares y la peste porcina africana se encuentran entre muchos de los patógenos que salen de las zonas más remotas del interior hacia los circuitos periurbanos, las capitales regionales y, finalmente, hacia la red mundial de viajes. Solo hay unas pocas semanas de diferencia entre los murciélagos del Congo, que se cree que transmiten el virus del ébola, y los bañistas de Miami que fallecen a causa del virus.

Muchos nuevos patógenos previamente controlados por ecologías forestales de larga evolución están siendo liberados, amenazando al mundo entero.

¿Qué papel desempeñan las empresas multinacionales en este proceso?

El planeta Tierra es hoy en día en gran parte una gran fábrica agrícola industrial, tanto en términos de biomasa como de uso de la tierra. La agroindustria tiene como objetivo acaparar el mercado de alimentos. El proyecto neoliberal está diseñado para ayudar a las empresas de los países industrializados más desarrollados a robar tierras y recursos de los países más débiles. Como resultado, muchos de estos nuevos patógenos previamente ligados a ecosistemas forestales que se habían desarrollado durante largos períodos de tiempo están siendo liberados y amenazan al mundo entero.

¿Cuáles son los efectos de los métodos de producción de la agroindustria?

La agricultura, organizada según las necesidades capitalistas y en sustitución de la ecología natural, proporciona los medios exactos por los que un patógeno puede desarrollar los fenotipos más virulentos e infecciosos. No se podría diseñar un mejor sistema para generar enfermedades mortales.

El agronegocio está tan enfocado en las ganancias, que la selección de un virus que podría matar mil millones de personas se considera un riesgo que vale la pena asumir.

¿Cómo es eso?

La expansión de los monocultivos genéticos de animales de granja elimina cualquier barrera inmunológica que pueda estar disponible para ralentizar o frenar la transmisión. Las grandes dimensiones y las altas densidades de población facilitan mayores tasas de transmisión. Estas condiciones de hacinamiento deprimen la respuesta inmunológica de los animales. El alto rendimiento de los animales, como parte indisoluble de cualquier producción industrial, proporciona a los virus un suministro constante de nuevos animales huéspedes, lo que promueve su virulencia. En otras palabras, la agroindustria está tan orientada a los beneficios que la decisión de utilizar un virus que podría matar a mil millones de personas parece compensar el riesgo.

¡¿Qué?!

Estas empresas pueden simplemente trasladar el coste de sus operaciones de riesgo epidémico a todos los demás: los propios animales, los consumidores, los agricultores, las comunidades locales y los gobiernos de todas las jurisdicciones. Los daños son tan grandes que la agroindustria tal como la conocemos estaría acabada para siempre si incluyéramos estos costes en las cuentas de la empresa. Ninguna empresa podría soportar el coste de los daños causados.

En muchos medios se afirma que el punto de partida del coronavirus fue un mercado de alimentos exóticos en Wuhan. ¿Es cierto?

Sí y no. Hay pruebas espaciales que lo respaldan. El rastreo de los contactos asociados con las infecciones conduce al mercado mayorista de mariscos de Hunan en Wuhan, donde también se venden animales salvajes. Al parecer, las muestras han identificado el extremo occidental del mercado donde se guardaban los animales salvajes. Pero ¿cuánto debemos remontarnos en la investigación? ¿Cuándo empezó la emergencia exactamente? El foco en el mercado pasa por alto los orígenes de la agricultura silvestre en el interior y su creciente mercantilización. En todo el mundo, y también en China, los alimentos silvestres se están convirtiendo cada vez más en un sector económico estructurado. Pero su relación con la agroindustria va más allá de simplemente compartir la misma fuente de ingresos. A medida que la producción industrial (de cerdos, aves de corral y similares) se expande en el bosque primario, presiona a los productores de alimentos silvestres para que se adentren más en los bosques en busca de las poblaciones originales, aumentando así la interacción con los nuevos patógenos, incluido el COVID-19, e incrementando su propagación.

El COVID-19 no es el primer virus que se desarrolla en China y que el gobierno trató de encubrir.

Sí, pero este no es un caso especial chino. Los Estados Unidos y Europa también han servido como “puntos cero” para las nuevas infecciones virales, más recientemente el H5N2 y el H5Nx, y sus representantes multinacionales y neocoloniales impulsaron el surgimiento del ébola en África occidental y del zika en el Brasil. Y durante los brotes de gripe porcina (H1N1) en 2009 y de gripe aviar (H5N2), los funcionarios de salud de los Estados Unidos encubrieron a la agroindustria.

La OMS ha declarado ahora una emergencia sanitaria de interés internacional. ¿Es adecuado este paso?
Sí. El peligro de un patógeno de este tipo es que las autoridades sanitarias no tienen un control sobre la distribución estadística del riesgo. No tenemos idea de cómo puede responder el patógeno. Hemos pasado de un brote en un mercado a infecciones en todo el mundo en cuestión de semanas. El patógeno podría simplemente morir. Esto sería genial, pero no lo sabemos. Una mejor preparación aumentaría las probabilidades de reducir la velocidad de propagación del patógeno. La declaración de la OMS también es parte del que yo denomino “teatro pandémico”. Las organizaciones internacionales han muerto por inacción. Me viene a la mente la Sociedad de Naciones. El grupo de organizaciones de la ONU siempre está preocupado por su relevancia, poder y financiación. En cambio, tal activismo también puede converger en la preparación y prevención que el mundo necesita para interrumpir las cadenas de transmisión de COVID-19.

Las multinacionales y representantes neocoloniales europeos y estadounidenses impulsaron la aparición del ébola en África occidental y el Zika en Brasil.

La reestructuración neoliberal del sistema de atención médica ha empeorado tanto la investigación como la atención general de los pacientes, por ejemplo, en los hospitales. ¿Qué diferencia podría comportar un sistema de salud mejor dotado para combatir el virus?

Existe la terrible pero reveladora historia del empleado de una emprsa de dispositivos médicos de Miami que, al volver de China con síntomas similares a la gripe, hizo lo correcto para su familia y su comunidad y exigió que un hospital local le hiciera la pruba de COVID-19. Temía que su exiguo seguro médico de la Obamacare no cubriera las pruebas. Y estaba en el correcto, dado que la prueba costaba 3720 dólares. En el caso de los Estados Unidos, una de las demandas podría ser la aprobación de una ordende emergencia que exija que durante el brote de una pandemia, el gobierno federal se haga cargo de todas las facturas médicas relacionadas con las pruebas de infección y el tratamiento tras un resultado positivo. Queremos animar a la gente a buscar ayuda en lugar de esconderse —e infectar a otras personas— porque no pueden pagar el tratamiento. La solución obvia es un servicio sanitario estatal que cuente con el personal y el equipo adecuados para esas emergencias en toda la comunidad, de forma que nunca se desanime la cooperación comunitaria.

Utilizar la crisis del coronavirus para probar los últimos métodos de control autocrático es un sello distintivo del capitalismo desastroso.

Tan pronto como se descubre el virus en un país, los gobiernos de todas partes reaccionan con medidas punitivas autoritarias, como la cuarentena de regiones y ciudades enteras. ¿Están justificadas esas medidas drásticas?

Utilizar la crisis del coronavirus para probar los últimos métodos de control autocrático es un sello distintivo del capitalismo desastroso. En lo que respecta a la salud pública, prefiero atenerme a la confianza y la compasión, que son variables importantes en una epidemia. Sin cualquier de las dos, los gobiernos pierden el apoyo de la población. El sentido de solidaridad y de respeto mutuo es una parte fundamental para sobrevivir juntos a tales amenazas. Las cuarentenas autoimpuestas con el apoyo adecuado –ayuda vecinal, camiones de suministro de alimentos de puerta a puerta, permiso de trabajo y seguro de desempleo– pueden generar este tipo de cooperación.

Cómo sabrá, en Alemania, la AfD es un partido nazi ‘de facto’ con 94 escaños en el Parlamento. La ultraderecha y otros grupos en asociación con políticos del AfD usan la crisis del coronavirus. Difunden falsos informes sobre el virus y exigen más medidas autoritarias en el gobierno: restringir los vuelos y la entrada a las personas migrantes, el cierre de fronteras y la cuarentena forzada.

La prohibición de viajar y el cierre de fronteras son demandas con las que la ultraderecha radical quiere “racializar” lo que ahora son enfermedades globales. Esto es, por supuesto, un sinsentido. En este punto, dado que el virus ya se está propagando por todas partes, lo único sensato que se puede hacer es asegurar que el sistema público de salud sea lo suficientemente fuerte como para tratar y curar a cualquier persona infectada. Y, por supuesto, debemos dejar de robar la tierra a los pueblos originarios y provocar los emigración masiva en primer lugar, solo así podremos evitar que los patógenos emerjan.

¿Cuáles serían las soluciones sostenibles para luchar contra las enfermedades infecciosas?

Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos debe cambiar radicalmente. La autonomía de los agricultores y un sector público fuerte pueden reducir el efecto de las cadenas de contagio unidireccionales y las infecciones descontroladas. Esto incluye la promoción de la biodiversidad de ganado y de cultivos, y la reforestación estratégica, tanto en cada explotación agraria como en todo el ámbito regional. Se debe permitir que los animales destinados a la alimentación se reproduzcan localmente para transmitir los mecanismos de inmunidad. Se trata de combinar una producción justa con una circulación equitativa de los bienes. Esto incluye subvenciones a la agricultura ecológica y a los precios de venta, y programas para los consumidores. Estos proyectos deben ser protegidos frente a las limitaciones impuestas por la economía neoliberal tanto a los individuos como a las comunidades y defendidos contra la amenaza de la opresión del Estado dirigida por el capital.

La producción de alimentos altamente industrializada depende de prácticas que ponen en peligro a toda la humanidad y, en este caso, contribuyen a desencadenar una nueva pandemia mortal. 

¿Qué debería exigir la izquierda ante la creciente dinámica de los brotes de enfermedades?

La agroindustria como forma de reproducción social debe ser abolida para siempre, aunque solo sea por una cuestión de salud pública. La producción de alimentos altamente industrializada depende de prácticas que ponen en peligro a toda la humanidad y, en este caso, contribuyen a desencadenar una nueva pandemia mortal.

Deberíamos exigir que los sistemas alimentarios se socialicen de tal manera que estos patógenos peligrosos no puedan desarrollarse. Para lograrlo, la producción de alimentos debe reintegrarse a las necesidades de las comunidades rurales. Esto requerirá, en primer lugar, prácticas agroecológicas que protejan el medio ambiente y a los agricultores que cultivan los alimentos. El panorama general es este: necesitamos curar la grieta metabólica que separa nuestra ecología de nuestra economía. En resumen, tenemos un mundo que ganar.

Entrevista de Yaak Pabst, para la revista Marx21 (11/03/20). Esta versión en castellano ha sido publicada primero por la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, el 24 de marzo de 2020.

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